Navarra posee, con más de 123.000 personas mayores, uno de los índices de envejecimiento más alto de España. Y las previsiones apuntan a que este tipo de población va a seguir creciendo. Ante este dato esperanzador -por lo que nos atañe personalmente a cada uno de nosotros- se debe hacer, no obstante, una reflexión que pasa por buscar soluciones a los problemas que puede llevar aparejada esa longevidad, de cara a que esos años -los últimos años- se vivan con una relativa calidad de vida. Debe ser una atención integral, no sólo que atienda a las necesidades físicas, sino también a las psicológicas y sociales. Y para articularla es necesaria la implicación de cuatro pilares fundamentales: la familia, la sociedad, Ejecutivo foral y los ayuntamientos.
Presumamos pues de longevidad, pero también de respuestas a las complicaciones que emanan de este estado del largo vivir.