Las Medallas y los méritos

Bueno es reconocer a los demás las cosas bien hechas, el amor y entrega por una afición u obligación, o un trabajo constante. De hecho, a nadie le amarga un dulce cuando le corresponden un buen gesto, le premian una actitud o aptitud, o le regalan algo, aunque sólo sea el oído, valorando una labor concreta. Pero de ahí a que el Ejecutivo Foral haya concedido la Medalla de Oro de Navarra a la CEN, Confederación de Empresarios de Navarra, y a los sindicatos UGT y CC. OO., va un trecho.

Hace un par de meses, cuando Castel Ruiz celebró su 25º aniversario y entregó una medalla de agradecimiento a infinidad de organizaciones y personas que con su apoyo y empeño han permitido dar a conocer y mejorar el tudelano Centro Cultural y su quehacer, en Plaza Nueva alabamos el gesto porque de bien nacidos es ser agradecido. Pero en el flamante Día de Navarra halagar a organismos que viven, mayormente, del presupuesto, pues suena a estómago agradecido, cuando menos...

Estómago, en este caso, del Gobierno de Navarra, que da una palmadita en las espaldas cubiertas de empresarios y sindicatos afines, que viven a su sombra, en lugar de matizando y enriqueciendo su labor política y cuestionando la acción ejecutiva, con la realidad social, económica, laboral y de mercado, que deberían conocer al dedillo. Reflejados en esta imagen, su semejanza proyecta su absoluta incompetencia.

Sin embargo, otra cosa son los méritos. Y la clave es tenerlos: Si uno se vale de otros para lucirlos, no puede tener la falsa modestia de ser tan necio de caer en la burla mema de la autocomplacencia. Como dijo Juan Ramón Jiménez, “Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas”. Y en este caso, sólo se me ocurre “Peloteo”.