La Pepa y la fiesta
Resulta curiosa la pompa con que se está aireando, recreando y recordando estos días el 200 aniversario de la Constitución de Cadiz, cuando la efeméride sólo recuerda un fracaso más de la España de la pandereta que tan acostumbrados nos tiene a las contradicciones y las fiestas gratuitas.
Sí, es verdad que fuimos de los primeros, tras Francia y los nuevos Estados Unidos, en proclamar una digna Carta Magna, in extremis -eso sí- acogotados por los franceses y arropados interesadamente por los ingleses. Pero de ahí a darle tantísimo valor, cuando sólo estuvo 2 años en vigor, gracias al libérrimo de Fernando VII, está resultando excesivo... ¿Qué pretenden realmente vendernos?
De hecho, recordarlo tanto sólo airea algo que dice bien poco de un país que sólo reacciona, desde Viriato, cuando está acorralado o en las últimas... ¡Nos sumamos al movimiento más a la contra que por convicción propia! ¡Y así nos va! De modo que ¿a qué viene tantísimo boato?
¿Tanto "Viva la Pepa" qué esconde?
Bienvenida sea siempre la fiesta, y bien hallada la justicia del cálido
y cariñoso recuerdo, pero de ahí a embrutecer el ánimo colectivo con patrañas bucólicas, pues no.
La Constitución es algo muy serio como para convertirlo en una comedia, y el sainete legal en el que vivimos sumidos bien merece, no ya un poco más de compostura, siquiera orden, merece recordar para aprender y mejorar, no airear las patrañas pasadas, ventilando las gestas antiguas que esconden las muchas miserias patrias de un momento como este.