¿Contamos con el liderazgo adecuado?

La viabilidad socioeconómica de Navarra como región se ha venido consolidando durante los últimos 50 años gracias a la fortaleza de Pamplona y su Cuenca, con una creciente zona de influencia en el territorio urbano situado a menos de 30 minutos. En esa área se ubica alrededor del 70% del PIB navarro y el 85% del capital social, tecnológico y cultural de la comunidad foral. La concentración de inversiones y recursos allí realizada ha facilitado el logro de esa viabilidad.


Este modelo centralizado de desarrollo, vigente hasta ahora, ha pivotado sobre el Eje Atlántico (País Vasco y Francia), tanto en lo económico como en lo político, dejándole a Tudela y la Ribera un papel periférico. Pamplona, durante mucho tiempo, sólo ha mirado al norte. Baste con recordar que la renta per cápita de la zona de Tudela está a 18 puntos de la renta media de Navarra y a 33 de la de Pamplona.


Pero ante la constatación de que el desarrollo de Navarra está ya suficientemente consolidado, Tudela y la Ribera comienzan a reivindicar en serio la mejora de su situación. El movimiento Pro-Universidad presencial supuso un punto de inflexión en esa dinámica, contribuyendo a que la Comunidad Foral comenzase a reconocer su desequilibrio territorial y a abordar una nueva estrategia que pudiese corregirlo.


El creciente dinamismo de la sociedad tudelana y ribera ha permitido que, en los últimos años, Navarra comience lentamente a asumir que el Eje del Ebro puede constituir un segundo espacio para el fortalecimiento de su desarrollo social, económico y político. La llegada de la UPNA y la prometida parada del TAV, acompañadas de otras mejoras, son claros exponentes de que el Sur de Navarra comienza a ganar protagonismo.


Pero estamos todavía en un momento incipiente de ese esperanzador futuro. Se están presentando buenas oportunidades y abriendo muchas expectativas, pero está casi todo por desarrollar. En este contexto, a Tudela le corresponde jugar un papel decisivo, el de saber convertirse en una ciudad moderna y bien organizada, capaz de liderar el Valle medio del Ebro y ganar peso en el conjunto de Navarra.


La clave para avanzar en esa dirección es mejorar sustancialmente el liderazgo municipal y la capacidad de gestión. Lo mejor que está ocurriendo en Tudela es que en su sociedad civil hay personas, asociaciones y agentes sociales muy activos, tanto en el ámbito económico como social y cultural, que van por delante y a veces al margen de la institución municipal. Sin embargo, los retos de Tudela son tan importantes que la ciudad necesita contar con un liderazgo más sólido, capaz de coordinar todas las energías sociales en torno a un definido proyecto de ciudad y de comarca. Liderar significa anticiparse, proponer estrategias, fomentar la participación, cumplir lo planificado, etc. Y, por supuesto, dedicarse en exclusiva a la ciudad y no a tiempo parcial, como han hecho nuestros últimos alcaldes.


Nuestro Ayuntamiento no puede seguir yendo -como ocurre a menudo- por detrás de la sociedad, a remolque de sus iniciativas o ralentizando los proyectos. El futuro de Tudela no depende tanto de Pamplona cuanto de nuestra capacidad de hacer bien las cosas. Si nos dotamos de un liderazgo adecuado, definimos un proyecto ilusionante y mejoramos nuestra coordinación colectiva, conseguiremos que la Comunidad Foral nos tome en serio y se convenza de que el futuro de Navarra pasa por Tudela y la Ribera. Pero para eso necesitamos primero tenerlo claro nosotros mismos y actuar en consecuencia. Si nos decidimos, lo lograremos. Tudela puede ser una gran ciudad.


(Se admiten sugerencias

en www.manuelcampillo.net)