Con este título algunos de los mejores científicos del clima han publicado un informe de evaluación hace unos pocos días. Básicamente están alertando de fallos en cascada de lo que conocemos como sistema climático, que no deja de ser eso que aprendimos en los primeros compases de la asignatura de ciencias naturales en la escuela: la Tierra y sus partes, los océanos, continentes, hielos, atmósfera y la materia viva.
En esta evaluación los autores ponen el foco en el concepto de puntos de no retorno, que vienen a ser umbrales críticos por los que atraviesan algunas partes de la Tierra y que desencadenan efectos irrefrenables en otras. El más claro es el del derretimiento de la plataforma de hielo de Groenlandia que acabaría causando una subida del nivel del mar de varios metros, suficiente para desplazar a miles de millones de personas. Esto ya se está produciendo por lo que tal vez en 100 años, enormes urbes costeras como Nueva York, Delhi, Signapur, Tokio o Shangai serán inhabitables, al menos en parte.
Pero parece que hay otros dos procesos que podrían estar ya produciéndose: el primero de ellos tiene que ver con el calentamiento oceánico y la muerte de los arrecifes tropicales de coral. El segundo con el fallo en los sumideros de carbono que representan las grandes masas boscosas del planeta, agravado por las consecuencias y emisiones de los megaincendios en latitudes boreales.
Nadie sabe realmente cuándo se producirá exactamente el punto crítico en cada sistema terrestrepero cada vez está más claro que en muchos casos parece que puede ocurrir en un nivel decalentamiento entre 1,5 y 2ºC respecto a la referencia preindustrial, justo la ventana a la que empezamos a asomarnos. El informe publicado muestra por ejemplo la alta probabilidad de que en el futuro el Amazonas acabe transformándose en sabana bajo ese mismo rango de valores. En la escuela también aprendimos que la selva amazónica es el pulmón del planeta y ahora todo indica que perderemos ese pulmón.
Otro punto esencial es que por cada décima de grado de calentamiento el aumento en desastres relacionados con un clima extremo es desproporcionado. Como ejemplo se menciona a la DANA que afectó al sureste peninsular hace un año, pero junto a ella hay otros 19 episodios de precipitaciones extraordinarias con consecuencias similares en términos de impactos y pérdidas (siempre dependiendo de la exposición y vulnerabilidad de la zona).
En esta evaluación se presenta además una colección de una especie de 34 signos vitales planetarios y bastantes de ellos muestran en solo un año unas tendencias muy preocupantes. Esto debería llevarnos a una reflexión muy profunda.
Un pacto de estado climático, una declaración autonómica de emergencia climática, una estrategia de transición energética y climática están muy bien como carta de intenciones perodeben partir de esta realidad para definir acciones. Hay una que es prioritaria y es que hay que hacer lo que sea para adquirir conciencia social y colectiva de dónde estamos, construyendomediante iniciativas democráticas deliberativas y arrinconando al negacionismo. Obviamente no es una responsabilidad exclusiva de la administración el hacerlo. Y urge. Mientras seguimos pensándolo cada segundo el planeta sigue almacenando una cantidad de energía extra equivalente a lo que consumen todas las viviendas de una ciudad como Pamplona a lo largo de un año. En el rato que dedicas a este artículo se puede extrapolar al consumo doméstico anual del conjunto de ciudades a nivel estatal. Vemos que el gesto de apagar la luz está muy bien pero frente a esta magnitud tampoco es que sirva de mucho. Es por ello por lo que deberíamos repensar las prioridades y la mas importante vuelve a ser la adaptación colectiva.
El mismo informe al que se hace referencia incide en dos récords: Uno es el aumento anual del consumo mundial de energía fósil entre 2023 y 2024, un 1,5%. El otro es su equivalente de energía solar y eólica, más de un 16%. Pero no nos engañemos, aunque crecen mucho más rápido las fuentes de energías alternativas, el consumo de energía fósil sigue siendo 31 veces mayor. La conclusión es doble: solo con transición energética no se llega y solo valen las cuentas globales. Y esto sin entrar en complejos debates de ocupación del territorio, extracción de recursos, electrificación de usos energéticos, justicia climática o de soberanía energética. No hay por tanto más salida que una reducción drástica, simultánea e inmediata del consumo energético mundial al tiempo que nos preparamos para las consecuencias del aumento continuado de temperatura.