Las ideas a pie de calle de Javier Fernández
Este miércoles nos decía adiós de forma repentina Javier Fernández, que fue uno de estos activistas del entorno rural que tanto trabajan para el bien común. Este fiterano por los cuatro costados fue candidato en 1979 a la alcaldía por la extinta UNAI, concejal durante cuatro legislaturas en Fitero, tres por el PSN-PSOE (llegando a ser miembro de su ejecutiva regional) y uno por la luminosa Agrupación Fiterana Independiente (AFI) que montamos en 2015.
Javi también fue delegado sindical de Comisiones Obreras en la extinta fábrica textil Initesa, colaborador de la Subida Automovilística a Valdeza y del Día de la Bicicleta, miembro de la APYMA del colegio y, sobre todo, alguien que siempre llevó sus ideas a pie de calle.
Nuestro amigo tenía una simpatía que le granjeaba sonrisas transversales, nadó a contracorriente en favor de las ideas progresistas tan demonizadas en nuestro pueblo, era muy cabezón, se peleó y reconcilió con los del PSOE y los de AFI, guardaba recortes de periódicos noventeros en los que aparecía junto a Gabriel Urralburu (ay) y Nicolás Redondo, denunció los contratos adjudicados al famoso Ramón Lázaro en el Ayuntamiento local, y en los últimos años de vida le tocó apretar los dientes para soportar la dolorosa y también inesperada muerte de su mujer, Gema, con la que formó una estupenda familia de la que forman parte sus hijas Barda y María y sus nietos.
Toda una vida
Javi había recorrido España en los años 80 para convencer a los acreedores de Initesa de que no denunciasen las deudas que habrían llevado a la fábrica a la quiebra. En los años 90 se ausentó durante varios meses de los plenos por no soportar a cierto alcalde; hace una década batalló contra el regreso del Cuartel y, en su última etapa institucional, también tuvo que aguantar con desagrado a Miguel Aguirre, que no lo recibió como líder de la oposición durante más de un año. Aun así, hace apenas unas semanas le agradeció que el Ayuntamiento de Fitero colocase por primera vez un ramo de flores en el panteón republicano local.
En los últimos años leía cada mañana el periódico en el Conde Melero para no perder ripio de cuanto acontecía y nunca se retiró del todo, ya que formaba parte del grupo local que junto a UGT está intentando acabar con la deuda histórica que Fitero mantiene, a nivel institucional, con los fusilados republicanos.
De carácter jovial, recordaba entre risas que en 1979 todos sus compañeros de fábrica le prometieron el voto, y en aquella ocasión casi ninguno cumplió porque no consiguió concejalía alguna. También se divertía rememorando que me tuvo que sacar una mañana de la cama en unas fiestas de la Virgen de la Barda para ponerme la corbata antes de llevarme a un acto madrugador del programa festivo.
Javi siempre pareció feliz, hasta que un cierto halo de tristeza le invadió tras la muerte de su mujer, Gema, puntal de su vida. Hoy recordamos a ambos con una sonrisa. Descansen en paz.