Aprovechando que estos días he estado ojeando en la prensa los distintos monográficos sobre la vivienda, no he podido evitar preguntarme cuándo un “asunto por resolver” como éste pasa a convertirse en un “problema”. No creo que el tránsito de uno a otro estadio se produzca de la noche a la mañana, en un día concreto. En esa transformación, sin duda, confluyen varios factores: el aumento del esfuerzo económico necesario para su adquisición, el incremento de los costes asociados a su producción, los plazos de desarrollo cada vez más prolongados o la concentración de la propiedad en menos manos, entre otros.
Que una cuestión tan importante como ésta pase de asunto pendiente a problema tiene no pocas derivadas. Cuando esto ocurre, la preocupación social crece, la prensa se hace eco y la gente opina. Finalmente, el tema llega a los políticos, que se ven interpelados y obligados a legislar, generando discursos altisonantes y contradictorios que con frecuencia desembocan en un enfrentamiento ideológico. Es entonces, en mi opinión, cuando aquel asunto se convierte en un verdadero problema.
En ese momento, el estudio sosegado y técnico cede paso al intento urgente de hallar soluciones. Es el punto de no retorno: el día en que el tema pasa a ocupar los primeros puestos de las preocupaciones ciudadanas. La vivienda, de hecho, ocupaba en enero de este 2025 el primer lugar, por delante de la crisis, la política, la inmigración y el paro, según el barómetro del CIS.
Como agente activo en el sector de la vivienda, soy muy consciente de la transversalidad del tema y de sus dificultades. Pero también estoy convencido de que desde la urgencia y la polarización es imposible encontrar buenas soluciones, y menos aún para el principal “problema” del barómetro. Bajemos revoluciones y urgencias. Ahora que estamos en el foco de la sociedad, hagamos equipo y avancemos paso a paso. Quizás así logremos convertir los problemas en tareas. Pensemos en esta situación como una oportunidad que, si no aprovechamos, acabará diluyéndose cuando otra noticia o catástrofe cambie el foco. Entonces, el problema seguirá existiendo, pero ya sin la atención ni los recursos necesarios.