Las cosas de la huerta son lo nuestro. Y no debemos perderlas. Vivimos demasiado rápido y, tan urbanizados, que nos alejamos de la Vida natural y ello, sin saberlo, nos perjudica. Como personas y como seres vivos. ¡Hay demasiado cemento y asfalto en nuestro día a día! Por ello, ese ruido que se está generando en nuestros pueblos en torno a fiestas y saraos que giran y potencian los productos más cercanos y nuestros, es una buena forma de visibilizar un estilo, una sensibilidad vital y una gastronomía cercana y sana, que se está perdiendo. Por ello, creo que es admirable, en este sentido, la labor que están realizando tanto nuestros consistorios, como EDER y organismos como la Orden del Volatín, o la Cofradía del Tomate Feo de Tudela, entre otros muchos y bien distintos promotores de eventos varios que, bien entendidos y gestionados, recuerdan el valor de lo más nuestro.
Así, actividades como las realizadas este fin de semana en Cadreita y Tudela en torno al tomate, -y en Peralta con su pimento 'cucón', entre otras Fiestas-, nos ayudan a recordar que se puede y debe vivir de otra manera más natural, más cercana, más vital y más lenta en torno a la tierra que, querámoslo o no, es de donde venimos y a donde terminaremos yendo en este cíclico devenir que nos lleva. Por ello, ¡tomémonos en serio eso de la huerta, el cultivo, el mimo por y para la tierra, para que no se pierda esa impronta nuestra, cercana, sana y rural!