La Fiesta también es Amor
Según avanzan los años, la Fiesta, -siempre con mayúscula, que el evento así lo merece porque emana de nuestro ser-, se va transformando. De la sorpresa que produce en el niño el jaleo y el simple ruido, se va llegando al jolgorio, a la juerga, a la parranda. Del color de los fuegos artificiales amparados por la noche y la compañía elegida en juventud, se llega al sublime sentimiento, al erizar del vello, a la emoción del cohete, al palpitar de la tradición y hasta de Fe en las imágenes que rodean toda la Vida en la Fiesta. Y todo ocurre porque su magia es, a cada edad, y en cada momento, sublime y efímera, pero profunda.
Nos cala, nos inunda, nos colorea. Rojo de calor, de fuego, de vino, de esperanza. ¡De alegría! ¡Porque la Fiesta es, simple y llanamente, lo que uno quiera que sea!
Nos caracteriza y cataloga, de modo que no podemos perder este Patrimonio Inmaterial intrínseco, natural y real.
Esa Paz que trasciende los días de la Fiesta, debe ser disfrute y es a su vez respeto. El codazo se transforma en caricia. El empujón, se torna cercanía. ¡El Amor, pura Fiesta!