Las corridas de toros han sido durante mucho tiempo una tradición arraigada en varias culturas, especialmente la española. Sin embargo, ya sabemos que, en los últimos años, el interés ha disminuido considerablemente, lo cual ha generado un intenso debate sobre la subvención de estas prácticas, centradas en el sufrimiento y maltrato extremos que sufren los animales ante un público que se enciende conforme el animal va cayendo. ¡Qué pena y qué triste todo!
Pues bien… Como no hay que hablar por hablar, según me han informado personas entendidas en esta materia, las subvenciones destinadas a las corridas de toros tienen como objetivo principal apoyar a los ganaderos que crían a los toros para estas prácticas. Supongo que esto es de conocimiento general.
Y, para conocer ambas partes, también me han informado personas entendidas en esta materia, en este caso algunos ganaderos, que afirmar que esas subvenciones son para ayudarles es una despiadada excusa para seguir con sus aficiones. Porque, tal y como están las cosas hoy en día, si eres ganadero, lo más lógico es no elegir toros de lidia para tu futuro si vas a tener que alzar los brazos pidiendo ayuda.
Pero no obstante, si existe tal necesidad económica en el sector de la ganadería, yo, personalmente, no me opondría a que se otorgaran ayudas económicas para ellos, siempre y cuando esas ayudas no fomentasen la cría de animales que luego van a ser manipulados, drogados, humillados y maltratados ante las miradas, vítores y aplausos de gente sin razón.
En realidad, no me importa que exista o no esa subvención… De hecho, cuando la eliminaron en 2016, aunque fue un paso muy importante dado por quien gobernaba en ese momento, me quedé como estaba, porque el animal siguió sufriendo y muriendo. La clave está en buscar soluciones que respeten la vida y el bienestar de todos, animales incluidos, en lugar de perpetuar una tradición que, en su esencia, causa daño innecesario.
Al final, si se elimina la parte más cruel y se apoya de manera más humana y responsable, todos saldríamos ganando. Es una cuestión de ética y de respeto por la vida… Y, sobre todo, de avanzar sin causar daño.