Navidad ´25

De nuevo, un año más, estamos sumergidos en plenas fiestas navideñas y toca hacer balance y reflexionar. Muchas veces, en un mundo donde las noticias parecen gritar más fuerte que los villancicos, hablar de Navidad, de paz y de amor puede parecer ingenuo, casi una reliquia. Sin embargo, quizás ahí resida, precisamente, el valor de la Navidad: recordarnos que la esperanza no muere, aunque la realidad insista en ponerla a prueba.

No se trata solo de luces y regalos, ni tampoco de discursos vacíos, sino de un gesto silencioso. En tiempos de guerras y divisiones, celebrar la Navidad podría ser un acto de resistencia, una forma de afirmar que la humanidad todavía tiene algo de luz por ofrecer… pese a todo.

Durante la reciente entrega de los Premios Princesa de Asturias, la princesa Leonor pronunció un mensaje que, sin proponérselo, bien podría servir de prólogo a esta época del año. Habló de que hay que volver a lo esencial: confiar en la libertad frente al miedo, en la justicia frente a la arbitrariedad, en la democracia frente a la intolerancia, en los derechos humanos frente a la indiferencia… y, sobre todo, dejar las trincheras. Sus palabras, en un mundo saturado de ruido, sonaron como campanas que invitan a despertar; porque la Navidad también trata de eso: de elegir la esperanza frente al miedo, el encuentro frente a la distancia, la bondad frente a la indiferencia.

Y me queda claro que, mientras quede un corazón dispuesto a creer, la Navidad seguirá viva, no en el calendario, sino en el alma que decide no rendirse.

Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo para todos.