¨La belleza de una flor proviene de sus raíces¨
Ralph Waldo Emerson (escritor, filósofo y poeta estadounidense)
Es la mayor virtud que un buen jardinero debe de poseer y practicar, entender que no somos nosotros quienes marcamos el ritmo de nuestro espacio.
Mantener un jardín en buen estado, nos obliga a observar y detenernos, aceptar que el desarrollo del mismo tiene sus propios tiempos. Nos enseña a ser constantes, a valorar el futuro y olvidarnos del resultado inmediato.
Un jardín es un buen maestro, pues con él aprendemos a valorar los resultados de nuestro trabajo a largo plazo, algo muy importante si lo aplicamos a nuestro día a día.
Aprendemos a dar importancia a las cosas que no vemos, ya que el mayor trabajo en un jardín, siempre se realiza bajo tierra. Las raíces trabajan incansablemente para proveer de alimento a la parte aérea de la que disfrutamos. Son las grandes olvidadas, casi nunca pensamos en ellas.
Unas raíces que trabajen en una buena tierra y que tengan a su disposición una buena fuente de alimentación, harán de nuestro jardín un lugar perfecto, sin olvidarnos del agua que necesitan.
El agua, algo tan necesario y a su vez tan perjudicial, un riego adecuado hace un jardín correcto, un riego abusivo mata un buen jardín y un riego deficiente, siempre se puede corregir.
Un jardín recién construido, nada tiene que ver con la imagen de nuestro proyecto, proyectamos a futuro y es donde entra en juego la paciencia. El disfrutar cada día con los logros casi imperceptibles del espacio, que al final conforman la idea sobre la que trabajamos es nuestro objetivo y nuestro reto.
Como veréis, podemos trasvasar este razonamiento a nuestra vida y entenderemos que nuestros principios, son nuestras raíces y lo que hagamos en el día a día conformara nuestro proyecto y con él nuestro futuro. Jardín y vida se funden en la naturaleza.
Comenzamos de cero, plantas pequeñas y espacios sin vegetación es lo primero que contemplamos, eso significa que hemos comenzado un proyecto de vida. Y como tal necesita su tiempo para establecerse, integrarse en el lugar y comenzar a formar parte de él.
Nuestro jardín nada tendrá que ver con nuestro jardín dentro de un año, dentro de diez o dentro de cien. Él no descansa y nuestro diseño está pensado en su evolución, y ésta depende mucho de nuestra paciencia, de nuestro trabajo y de nuestra manera de entender el tiempo.
Sentarnos a disfrutar de nuestro espacio es una de las sensaciones más agradables que nos aporta un jardín y una vida. Nos hará entender que nada es perfecto y que aprender a vivir con la imperfección soportable que la naturaleza posee, nos enseña a ser tolerantes y sobre todo nos ayuda a comprender a los demás, aceptarlos con sus inconvenientes y entender que nosotros también los tenemos.
Somos naturaleza y como tal nos comportamos.