Durante la pandemia fuimos aplaudidos en los balcones, ensalzados en los medios y llamados héroes. Hoy, sin embargo, cuando los médicos y facultativos reclamamos algo tan básico como unas condiciones laborales humanas, se nos responde con insultos: se nos tacha en algunos medios de clasistas, de privilegiados e incluso —sí, así de duro— de vagos.
Nuestra reivindicación no busca un trato preferente frente a otros colectivos sanitarios. Al contrario: exigimos exactamente lo mismo que se reconoce al resto del personal del sistema. No es razonable que en pleno siglo XXI se mantengan guardias de 24 horas, una jornada que excede los límites asumidos por otros trabajadores, ni condiciones como la exclusividad obligatoria que no se aplican de igual modo al resto.
Queremos una jornada limitada a 37,5 horas semanales como el resto del personal. Queremos que se eliminen las guardias maratonianas que ponen en riesgo nuestra salud y la seguridad del paciente.
Y si se insiste en mantener un régimen laboral distinto y específico, entonces deben permitirnos negociar nuestras condiciones de forma diferenciada, porque no es aceptable quedar atrapados en un marco que, no reconociendo la singularidad del trabajo médico, sí nos impone unas cargas singulares.
Las malas condiciones laborales no solo perjudican a los profesionales: están deteriorando gravemente la atención a los pacientes. La sobrecarga asistencial, la falta de descansos reales y el desgaste emocional están empujando a muchos compañeros a abandonar la sanidad pública en busca de respeto y equilibrio en la privada, en la empresa o directamente en el extranjero.
Cada vez son más frecuentes los casos de médicos que dejan la profesión, no por falta de vocación, sino por agotamiento. Porque esta presión enferma, destruye familias y consume la salud mental de quienes sostienen el sistema.
Si no se produce un cambio radical en la organización sanitaria, si no se profesionalizan los puestos directivos y se racionaliza de una vez el trabajo médico y facultativo, la sanidad pública que conocemos está condenada a desaparecer.
Y cuando eso ocurra, ya no habrá forma de hacer volver a los profesionales médicos que se fueron.
Alberto Pérez Martínez
Ejecutiva del Sindicato Médico de Navarra
Juan Ramón Sanchiz Rubio
Presidente del Sindicato Médico de Navarra
con el apoyo de 1.127 firmas de facultativas/os del SNS-O