Opinión

Feminismo sin apellidos

Sara Vicente Collado, de la Plataforma Navarra de Mujeres por la Abolición de la Prostitución (PNAP), escribe este artículo de opinión

Desde el nacimiento del movimiento abolicionista de la mano de Josephine Butler, feminista y sufragista inglesa, que abanderó en la Inglaterra de 1860 la lucha por la emancipación de las mujeres y contra las leyes que querían reglamentar y normalizar la explotación de la prostitución ajena, denominada proxenetismo, hasta ahora, han sido muchos los logros alcanzados por el movimiento feminista abolicionista del sistema prostitucional, que nace en el seno del movimiento feminista y a la par que el movimiento abolicionista de la esclavitud. Siempre se ha caracterizado por su trabajo en defensa de las mujeres en situación de prostitución, impidiendo que fueran estigmatizadas y criticando la doble moral existente en nuestra sociedad.

El abolicionismo moderno, fruto del consenso de todas las mujeres suecas, ha ido un paso más allá desde 1999. Incluyó la prostitución en la ley contra la violencia hacia las mujeres, denominada “Ley para la Paz de las Mujeres”. Puso en cuestión los privilegios de los hombres de uso y abuso sexual de las mujeres imponiéndoles sanciones mediante multas. También penalizó todas las formas de proxenetismo sin tener en cuenta el consentimiento de la víctima de prostitución. Y nunca ha cuestionado, ni penalizado, ni estigmatizado, ni sancionado a ninguna mujer.

Desde entonces hasta ahora ha llovido mucho. El movimiento feminista ha cambiado el lenguaje, ha mejorado las estrategias para acabar con la violencia hacia las mujeres. En la actualidad ya nadie cuestiona que, para alcanzar la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres, hay que erradicar la violencia ejercida por los hombres contra las mujeres por el hecho de ser mujeres, por ser uno de los pilares que sostienen el patriarcado.

En el Estado español, el movimiento feminista ha elaborado la Ley Orgánica Abolicionista del Sistema Prostitucional (LOASP), presentada en marzo de 2020, en la que se define el sistema prostitucional como una institución fundacional del patriarcado y como una de las formas más execrables de violencia contra las mujeres. Dicha ley es única en el mundo. Tiene cuatro ejes: la educación en igualdad para prevenir los comportamientos violentos en los que se educan los hombres bajo un sistema patriarcal para acabar con su normalización; el reconocimiento de todos los derechos y recursos para todas las mujeres que estén o que hayan estado inmersas en el sistema prostitucional en algún momento de sus vidas; el desmantelamiento del sistema prostitucional como estructura patriarcal penalizando todas las formas de proxenetismo, con independencia de la voluntad de la mujer prostituida; y la penalización de la demanda de prostitución con sanciones económicas que irán destinadas a nutrir los recursos destinados a las mujeres. Esta propuesta legal elaborada por el movimiento feminista se puede leer completa en www.leyabolicionista.es.

La violencia sexual, la violencia de pareja, la violencia laboral, la violencia vicaria, la prostitución y cualquier otra forma de violencia ejercida por los hombres contra las mujeres tienen como finalidad el mantenimiento de un sistema patriarcal basado en la división por sexos y en la asignación de roles distintos a cada uno de los sexos para perpetuar el binomio dominación-sumisión en cualquiera de los órdenes de la vida. En palabras llanas, los hombres agreden verbal, física, psicológica, sexualmente y matan a las mujeres para recordarles que de ellos es el poder y que el papel de ellas es obedecer y someterse y que si no lo hacen podrán acabar con sus vidas.

Pues bien, esto que ya casi nadie pone en cuestión en nuestra sociedad, está siendo objeto de debate en el movimiento feminista cuando se divide en torno a la abolición del sistema prostitucional (pornografía y prostitución), a la abolición de la reciente industria de la explotación reproductiva (idéntica a la explotación sexual) y a la abolición de los roles y estereotipos de género (uno de los pilares del feminismo). Todos ellos son sistemas de opresión que el movimiento feminista históricamente ha tratado de combatir en todo el mundo.

Mientras las feministas abolicionistas señalamos, parafraseando a Rosa Cobo Bedia, que el abolicionismo está en el corazón del feminismo, las feministas que han incorporado las teorías queer a su agenda defienden el “trabajo sexual” y el transgenerismo. Ambas agendas (la queer y la abolicionista) son antagónicas e incompatibles entre sí. Mientras que la agenda feminista actúa contra la opresión por razón de sexo, la LGTBI+ actúa contra la discriminación por razón de orientación e identidad sexual. Ya hubo intentos de incluir la violencia por razón de identidad y orientación sexual, mezclándose con la violencia por razón de sexo cuando se debatió la Ley actual contra la violencia de género. Sin embargo, no obedecen a las mismas causas y merecen respuestas separadas.

Las feministas queer aceptan sin pudor la mercantilización de la vida de las mujeres, defendiendo el trabajo sexual por ser “transgresor”, “empoderante” y “progre”, y rechazan a las feministas abolicionistas, bajo la falacia de que atentamos contra los derechos de las “trabajadoras sexuales”. Estos argumentos coinciden plenamente con los que utiliza el proxenetismo organizado para defender sus negocios. Según los proxenetas, ellos defienden los derechos de las mujeres en situación de prostitución, cuando, en realidad, lo único que defienden son los ingentes beneficios económicos que obtienen de la explotación de la prostitución de las mujeres. También son coincidentes con los que utiliza el neoliberalismo que todo lo resuelve apelando a la libertad del individuo y a su capacidad de agencia para someterse o ser explotado. Estas afirmaciones denotan un desconocimiento absoluto de lo qué es y de cómo actúa el sistema prostitucional, así como de las consecuencias que tiene para las mujeres y para la sociedad en su conjunto su pervivencia.

El feminismo abolicionista no es “putófobo”. Jamás ha cuestionado a las mujeres, ni sus decisiones individuales. Siempre ha hecho una impugnación de las estructuras que generan opresión y discriminan a las mujeres exponiéndolas a la exclusión, la pobreza, el desarraigo y la violencia. Como afirma Celia Amorós, el feminismo nunca cuestiona las decisiones individuales de las mujeres, sino las razones que las obligan a tomarlas.

Actuamos contra el sistema prostitucional del mismo modo que hemos actuado contra la violencia machista y la violencia sexual, rompiendo con el estigma que instaura la creencia de que “las mujeres están ahí porque quieren, están ahí porque les favorece o han denunciado por ánimo espurio”. Impugnamos este sistema de creencias para gritar que no son ellas las que eligen, sino los hombres que las violentan, agreden, cosifican y convierten en mercancía.

El feminismo abolicionista de género no es “trans excluyente”. Tan solo reivindica que el sujeto político del feminismo somos las mujeres, porque el feminismo es un pensamiento político de más de tres siglos de historia que tiene como objetivo lograr la emancipación de la mujer y erradicar las estructuras de opresión que se lo impiden.

El feminismo abolicionista reclama recuperar la agenda feminista, sobre todo el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres. Aunque hay interseccionalidades, cada movimiento tiene su propia agenda y un sujeto político específico. De ahí que reclamemos que el sujeto político del feminismo somos las mujeres.

El feminismo abolicionista responde a la necesidad de acabar con los privilegios de los hombres para acceder de modo ilimitado a las mujeres como forma de sometimiento sexual. Consolidando la prostitución como un trabajo, se sigue sustentando una educación de los hombres para ejercer la violencia y convertirnos en mercancía para su consumo.

Las feministas abolicionistas siempre hemos tenido claro que los puntos esenciales que conforman la agenda feminista no pueden cumplirse sin acabar con la cosificación, explotación y mercantilización de las mujeres y sin acabar con el sistema sexo-género que forma parte de la estructura patriarcal.

Por esta razón afirmamos alto y claro que el feminismo es abolicionista.

¡GORA BORROKA FEMINISTA!

Sara Vicente Collado
Plataforma Navarra de Mujeres por la Abolición de la Prostitución (PNAP)