El 14 de abril de 1931 se proclamó en el Estado Español la II República. Una vez elaborada y aprobada la Constitución republicana, la ciudadanía podía elegir a la persona que ejercería la Jefatura del Estado, de acuerdo con el artículo 68 de la misma:
“El presidente de la República será elegido conjuntamente por las Cortes y un número de compromisarios igual al de Diputados.
Los compromisarios serán elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto conforme al procedimiento que determine la Ley.”
Y esto fue así hasta el 1 de abril de 1939, cuando, una vez acabada la guerra civil —propiciada por un golpe de Estado contra la II República perpetrado el 18 de julio de 1936 por militares sediciosos, civiles felones, la Iglesia Católica y partidos de extrema derecha— se instauró una dictadura militar con Francisco Franco como jefe de Estado. Desde aquel día hasta hoy, la ciudadanía no ha podido elegir la Jefatura del Estado.
Esto es así porque algunas formaciones políticas supuestamente contrarias al régimen, junto con quienes lo sostenían, pergeñaron el actual estatus del Estado Español. Una vez muerto el dictador el 20 de noviembre de 1975, aceptaron como jefe de Estado a quien había sido designado por Franco como sucesor: Juan Carlos de Borbón, quien el 23 de julio de 1969 juró los Principios Fundamentales del Movimiento, lo que repitió el 22 de noviembre de 1975 cuando fue proclamado rey, frustrando la posibilidad de que la ciudadanía pudiera elegir a quien debía ostentar la Jefatura del Estado.
El 15 de diciembre de ese mismo año se convocó un referéndum para la llamada “Reforma Política”, que no fue más que la ratificación de la monarquía, afianzada aún más con la Constitución de 1978.
En junio de 2014, Juan Carlos de Borbón abdicó a favor de su hijo Felipe, que fue proclamado rey con el nombre de Felipe VI. Y si nadie lo remedia, una institución anacrónica y medieval como es la monarquía se perpetuará en su hija Leonor.
Ya va siendo hora de que la ciudadanía tenga la posibilidad de elegir a quien debe ostentar la Jefatura del Estado.
No sé cuál es la mejor fórmula para hacerlo: si por elección directa en unas presidenciales, o por medio de unas elecciones generales en las que quienes representan a la ciudadanía en el Congreso y el Senado designen a la persona que deba ocupar el cargo.
Al igual que elegimos a los ayuntamientos y a los parlamentos autonómicos, debemos tener el derecho a elegir la Jefatura del Estado. Y la mejor forma de hacerlo es que haya una república.