Los últimos hortelanos

Si a nuestros abuelos les hubieran dicho que, en dos generaciones, un modo de vida tan tudelano, tan nuestro, estaría a punto de sucumbir, hubieran dicho que estábamos “atontaus”. Sin embargo, es así, cada vez quedan menos hortelanos en los campos de la Mejana y Traslapuente y los que se vislumbran entre los campos son personas de avanzada edad. De estos, solo un puñado vende esos productos y sacan un dinero para su casa, los más dedican su trabajo y los frutos de éste, a agasajar a su familia y amigos.

Muchos campos de la Mejana se han convertido en huertos de recreo, para pasar un soleado fin de semana con los allegados haciendo una barbacoa. El entrañable bar que precedía a la Mejana hace años que desapareció y ya no se ven hortelanos a lomos de mulas. El mundo cambia inexorablemente y la velocidad a la que vivimos hace que todo lo compremos en supermercados y grandes superficies para no perder tiempo. En cualquier conversación destacamos que la fruta o las verduras no saben a nada, pero nos cuesta comprar estos productos en las pocas fruterías o en los escasos puestos del mercado, que venden los productos riberos.

Tudela antes de ser “la de tus compras” era conocida, y todavía lo es, por los productos de su huerta, pero pocos hortelanos tradicionales labran y siembran a mano estos productos. Al igual que tantos y tantos oficios de antaño, el hortelano como tal tiende a ser una especie en extinción, y como tal lo tenemos que proteger, salvaguardar y hacer que poco a poco renazca y pueble de nuevo los distintos campos tudelanos.