El toro de Osborne tiene que alzarse en Tudela
En octubre del año pasado unos vándalos, según el diccionario de la RAE: personas que cometen acciones propias de gente salvaje y destructiva, derribaron el toro de Osborne, que se alzaba desafiante en el término municipal de Tudela y único existente en nuestra Comunidad.
No es la primera vez que el majestuoso y original astado sufría daños, por considerarlo algunos grupos de nuestra Comunidad un símbolo españolista. De hecho, ya en 2011 algún colectivo le pintó en el lomo la palabra Independentzia junto con algún detalle más. En el 2014 pintaron de rojo la palabra España= exilio y paro y en el 2015 también fue derribado, al serrarle la sujeción y venirse la estructura abajo.
Desde que en 1956 un diseñador, creó esta imagen para anunciar el brandy Veterano de Osborne, el toro se convirtió en un símbolo constante en los viajes en coche por la geografía española. La imagen es tan icónica, está tan arraigada en la ciudadanía y en el paisaje español que, en el año 1988, salió una ley que obligaba a retirar la publicidad visible en las carreteras estatales y en 1994 muchos pueblos, personajes relevantes, artistas, políticos y varias comunidades autónomas se mostraron contrarios a la retirada de este emblema cultural. La Comunidad Foral de Navarra incluso se amparó en una ley foral para mantener el toro en su territorio. Ese mismo año el congreso declaró al toro de Osborne patrimonio cultural y artístico de los pueblos de España, indultando al zaino astado.
Desde entonces el toro, se convirtió en símbolo asociado a España y por lo tanto imagen a dañar, destruir, eliminar o derribar, para nacionalistas, separatistas e independentistas, de ahí los muchos agravios que en algunas provincias ha sufrido el poderoso astado.
Desde octubre del año pasado, casi ya hace 8 meses, el toro de Tudela descansa abatido en las tierras cercanas al Ventorrillo, campos donde antiguamente los toros de lidia pastaban a sus anchas. A nadie parece importarle.
No podemos aceptar que un grupúsculo de personas, con nula representación en Tudela, sierra en mano, derriben una figura, dañen un icono cultural por motivos meramente políticos y que todos hagamos como que no ha ocurrido. No podemos pasar por el cruce de Ejea de los Caballeros no viendo la imagen del astado durante meses y no levantar la voz para que el toro vuelva a recortar el horizonte, porque estaríamos haciendo el juego a los autores de la destrucción y confirmando que la sociedad en conjunto está adormecida y todo nos da igual.
A los pocos días del vandalismo, parece que la Fundación Osborne, que según me he informado son los responsables del arreglo, cuidado y reparación del emblemático toro, se personó en Tudela y manifestó su idea de levantarlo de nuevo, pero van pasando los meses y la obra no se ejecuta. Por eso me he decidido a escribir esta carta, porque creo que los ciudadanos de Tudela, empezando por su alcalde, debemos demostrar a la Fundación que condenamos estos actos e insistir en la importancia de que el toro se alce de nuevo lo antes posible.
Nota aclaratoria:
A petición del grupo Osborne, se quiere aclarar dos aspectos de este artículo de opinión firmado por Julián Marín Mencos. En primer lugar, el Congreso de los Diputados no declaró oficialmente al Toro de Osborne patrimonio cultural y artístico de los pueblos de España; en 1994 se solicitó su “indulto” para permitir su permanencia pese a las restricciones publicitarias. En segundo lugar, tanto las vallas como los derechos sobre la imagen del Toro de Osborne son propiedad del Grupo Osborne.