No sé qué está pasando con las ferias en Tudela, pero su instalación se ha convertido en los últimos tiempos en un foco de conflictos, no solo las que se instalan en las fiestas de Tudela sino también las que se plantan en las fiestas de San Juan… y esto parece ser solo el principio.
Somos exigentes y cada vez más inflexibles con nuestros derechos, y a nadie le gusta que el sonido estridente y la música alta de las ferias estén cerca del portal durante horas que son para descansar, sea un día, tres o una semana. Quizás también pecamos de poco solidarios, no sé.
Nos habíamos acostumbrado a tener las ferias en el Paseo del Prado. Los vecinos del Paseo Pamplona y la Azucarera lo tenían asumido, y era un sitio céntrico, para llegar en pocos minutos andando a la revoltosa, a los bailes, a los fuegos, a la orquesta… a todo. Aún no comprendo el motivo de que la CHE deniegue este permiso cuando en otras ciudades cercanas dejan hacer eventos al lado de los ríos. Solo puedo pensar que el tema es más político que por protocolo de seguridad.
Una vez descartado este sitio, la ubicación de las ferias se convierte en un problema. Se ubicaron en el polígono La Barrena, pero estaba lejos, y este año se ha decidido adecuar un terreno e instalarlas cerca del cauce del Queiles, en la Avenida Narangel. No sé si esta parcela será también zona inundable o está lo suficientemente lejos del cauce. La respuesta ha sido, lógicamente, protestas vecinales, que irán en aumento si el lugar que se está habilitando a toda prisa se utiliza no solo para las ferias, sino para conciertos, eventos deportivos, etc. durante el año.
Lo mismo ocurre en el Barrio. Los vecinos de la calle donde se ubican las ferias piensan que año tras año ellos son los que sufren los ruidos. Tres o cuatro días sin dormir, con la edad que tienen muchos vecinos, no les parece aceptable y solicitan que se reparta el pastel. Quizás aquí la solución sería llevar las barracas a la esquina de la calle del Colegio San Julián con la calle de Campoamor, aunque estén más alejadas del cogollo del barrio.
Desde luego, no me cabe duda de que la solución no es fácil. A nadie le gusta tener molestias, ya sean conciertos, bares, gente gritando o ferias a horas intempestivas, pero habrá que llegar a una solución, puesto que es incuestionable que necesitamos tener todos estos entretenimientos y que, por lo tanto, en algún lugar hay que ubicarlos. Tudela, además, está creciendo y, por una parte, los ciudadanos pensamos que no tienen que estar lejos del centro para que los niños y jóvenes puedan acudir andando sin problemas y, por otra, tienen que ser lo menos lesivas posible para los vecinos. Quizás la solución esté en un consenso entre los grupos políticos y las asociaciones de vecinos de los distintos barrios, algo difícil de conseguir hoy en día al parecer.