George Washington Carver, de esclavo a científico de la agricultura

La historia de este hombre es tan impresionante que daría para una película. Es otro de los pioneros de la agricultura sostenible que, por pasar de la química, no se estudia en las escuelas agrarias.

Nació en una familia de esclavos en Diamond, Missouri, en 1864, sus padres fueron comprados por Moses Carver,   por 700 dólares, pero tuvieron la gran suerte de caer   en manos de una buena persona, contraria a la esclavitud. Tuvo diez hermanos. Cuando tenía una semana de edad, su madre, él y una hermana fueron secuestrados por esclavistas, algo frecuente en la época, para venderlos en Kentucki. Su dueño mandó a buscarlos, pero sólo encontraron al pequeño George enfermo de tosferina. De su madre y hermana nunca más se supo. Para recuperarlo, su dueño, ejemplo de humanidad, no dudó en cambiar un niño enfermo y negro por un caballo de carreras.  El cambio mereció la pena, como se verá. Abolida la esclavitud, Moses Cárver y su esposa adoptaron a George y a un hermano y formaron parte de la familia. Aprendió a leer y escribir en casa, porque los negros tenían grandes dificultades para ser acogidos en la escuela. De niño, ya destacó por su sensibilidad y conocimiento de las plantas. Le llamaban “Doctor de plantas”, la gente acudía a su casa y él hacía remedios caseros contra carencias o enfermedades. Intentó ir a la universidad pero en todas lo rechazaban por su color.

Con 22 años consiguió un terreno por la ley de asentamientos y cultivó 17 acres (69000 m2) sin ninguna ayuda animal. Plantó maíz, arroz, granos, verduras, árboles frutales y forestales, arbustos , flores… y con todo, trabajaba de vaquero para otros.

La educación os hará libres

Una frase que repetía Cárver. Consiguió una beca y empezó a estudiar arte y pintura, porque también fue un reconocido pintor, sobre todo de plantas.  Enseguida, la llamada del campo pudo más y consiguió estudiar botánica en la Universidad de Iowa en Ames, donde fué el primer estudiante negro. Estudió micología y las patologías de las plantas. Destacó sobre los demás y le dieron la dirección del departamento de investigación de la universidad de Tuskegee donde trabajó 47 años. Su mayor preocupación fue enseñar a los agricultores pobres o antiguos esclavos  a cultivar sin el uso de fertilizantes químicos y con poco gasto. Él decía:

 “Las plantas son tan sensibles a los narcóticos y las drogas como el ser humano”

Montó una escuela móvil “Jesup wagon”y se convirtió en el afromaericano más famoso de su época como científico, botánico, micólogo, educador, inventor, pero sobre todo por su sencillez, humildad, frugalidad, humanitarismo y ningún apego a lo material.

De cacahuetes, rotaciones de cultivo, inventos y fe

Las tierras del sur estaban agotadas por el monocultivo de algodón. Él impulsó la rotación de cultivos alternando con leguminosas, cacahuete, soja y con otros cultivos como nueces, batatas y caupí.  Promovió los cultivos de cobertera, para mejorar y proteger los suelos, evitar la evaporación del agua y controlar malezas y plagas. Las tierras volvieron a ser productivas. Predicaba una agricultura con pocos insumos, alejada de la tendencia a la química. Decía: 

“ la fertilidad virgen de nuestros suelos y la cantidad enorme de trabajo inexperto han sido más una maldición que una bendición para la agricultura” denunció la pérdida del bosque y la descomposición rápida de la materia orgánica por un sistema exaustivo de cultivo. Mediante programas de extensión agrícola, Carver logró extender la agricultura orgánica en el Sur.

Como eran cultivos nuevos, inventó casi trescientos usos para el cacahuete, como queso, tintes, salchichas, helado,cremas faciales,champú,aceite, harina, nitroglicerina (Sí, nitroglicerina) y mantequilla. Pasó a la historia como el inventor de la crema de cacahuete, aunque lo copió de los aztecas. De la soja y de la batata inventó adhesivos, grasas de carro, lejía, biocombustible, plástico, papel, crema de afeitar, betún, caucho sintético… y otros como café instantáneo, salsa picante o polvos de talco. A punto estuvo de hacer un coche de plástico de soja, con Henry Ford, gran admirador suyo. Se relacionó con Gandhi para temas de nutrición del tercer mundo. Fue asesor para temas agrícolas del presidente  y tuvo relaciones estrechas con tres de ellos.

Muchas de estas fórmulas, se podían hacer en casa y mejoraron la vida de millones de personas. Publicó 44 voletines sobre estos temas para regalar.

Otro aspecto que no se debe dejar pasar, es la profunda religiosidad de este hombre. Algunos se reían de él porque decía que el conocimiento le venía de lo divino y eso no era científico, pero su religión tenía una pedrada ecologista importante. Decía:

“Me encanta pensar en la naturaleza como una estación de transmisión ilimitada en la cual Dios nos habla cada hora, si tan sólo nos sintonizamos”

“Cada vez más, a medida que nos acercamos a la naturaleza y sus enseñanzas, somos capaces de ver lo divino”

“Nuestro creador es el mismo y nunca cambia, a pesar de los nombres que se le den”

Esto lo llevó a ser tolerante con todos, a escuchar la naturaleza y a trabajar incansablemente por cuidarla  y darle un buen uso.

Llenó páginas de periódicos y cuando murió, el presidente Franklin D. Rooseevelt resaltó: El mundo de la ciencia ha perdido una de sus figuras más relevantes”. Tiene su museo, se hicieron sellos y monedas con su imagen y se puso su nombre a dos barcos, un submarino nuclear y un cráter lunar. Lo enterraron en la universidad .En su epitafio pusieron estas palabras:

“Pudo haber  agregado  fortuna a su fama, pero como no le interesaba ni la una ni la otra, encontró la felicidad y el honor siendo útil al mundo”.