Albert Thaer, inicios de la ciencia agrícola
El gran impulso de la agricultura europea en el siglo XVIII y del XIX, se debió a la introducción del sistema de rotaciones Norkfol. Este sistema, multiplicó las cosechas superando el barbecho. La introducción de la ganadería y la sucesión de cultivos diferentes en una misma parcela hacían un sistema sostenible y productivo. No hacía falta dejar a la tierra sin cultivar, en barbecho, para ganar fertilidad. En esos años varios científicos, demostraron un gran interés por la investigación agrícola y en cierto modo marcaron caminos diferentes sobre cómo tratar a la tierra. Estas formas de entender el cultivo han llegado hasta nuestros días y se pueden resumir en tres.
Un grupo de científicos apoyaban la idea de la agrología, osea conocimiento del suelo (logos) y el respeto a los procesos naturales. Este grupo son los que con sus estudios demuestran las bases científicas de la actual agricultura ecológica en todas sus ramas. Fundamentalmente se trata de cultivar el suelo, favoreciendo su fertilidad natural, para tener plantas sanas y evitar la erosión.
Otro grupo se apuntó al carro de los abonos químicos y la industrialización de los abonos, tras la síntesis química del Nitrógeno atmosférico. Abonar plantas sin tener en cuenta el suelo donde crecen. Entonces no lo sabían, pero fue el inicio de una contaminación difusa que toca la tierra, el agua, los alimentos y la salud general del planeta. Un 24% de las emisiones de efecto invernadero. Esta agricultura es el mayor agente contaminador del planeta. Empieza la dependencia del labrador por insumos cada vez mayores, algo de lo que actualmente se quejan. Los suelos se esterilizan. Para hacerlos producir cada año se utilizan millones de toneladas de abonos químicos y pesticidas.
El tercer grupo sería una mezcla de ambos.
La ciencia del suelo
Albert Thaer (1752-1828) médico y agrónomo alemán, llegó a ser médico personal del rey Jorge III, pero pasó a la historia como el defensor he investigador de la teoría del humus. Tenía algo de tierra y plantando flores y llevando un huerto cogió tanto amor al cultivo y a la tierra que cambió de oficio. Dejó la medicina y compró una finca de 30 has. Se convirtió en una celebridad agrícola. La gente iba a ver sus flores y aprender en sus campos. Escribió varios libros entre los que destaca 'Principios razonados de la agricultura'. Formó la primera academia agrícola de Alemania que fue ejemplo para toda Europa. Fue profesor de agronomía en la universidad.
Para escribir este libro, su punto de partida fue pensar que para hacer buena agricultura había que investigar las fincas más productivas y ver cómo lo hacían. Viajó por Francia, Inglaterra y Alemania visitando los mejores campos cultivados y llegó a la conclusión de que las mejores tierras y cultivos eran los que recibían una buena gestión de la materia orgánica.
Aunque Zacarías Janssen había inventado el microscopio que superaba a la lupa en 1590, es en éstos tiempos cuando se mejora el instrumento y hay un interés en la observación microscópica en todos los campos. Albert Thaer, puso la vista en la descomposición de la materia orgánica y descubrió la microfauna y los ácidos húmicos. Concluyó que el suelo cultivable es una fusión entre la degradación de las rocas y la descomposición de la materia orgánica de todos los seres vivos. Por eso predicó que la principal fuente de la fertilidad de la tierra, es aportar materia orgánica, abonos verdes, leguminosas… Gran parte de la materia seca de las plantas proviene del humus. Define la fertilidad natural de los suelos y analiza la arcilla, el limo, la arena y la materia orgánica, fuente del humus.
Humus
Su antecesor y en la misma línea De Saussure inventó la hermosa palabra. “Humus”, hermana de humanoy humanidad. Él describió la materia oscura del suelo y su importancia para la nutrición vegetal. Otros aportaron la importancia de hacer aportaciones de cal en suelos ácidos o añadir polvos de roca, añadir arena a la arcilla o arcilla a la arena. Cosas que se sabían de antiguo. J. B. Boussingault (1802-1887) demostró que efectivamente las leguminosas fijaban nitrógeno, algo que aunque no lo habían visto al microscopio, lo sabían: egipcios, chinos, romanos, mayas, árabes… y hasta yo, con mis habas.
Pues eso, demostraron con su microspio. Su campo de pruebas y toda una vida, que el humus es fuente de vida, que sale de la descomposición de la materia orgánica de todo tipo. Tiene capacidad de intercambio catiónico, Nitrógeno, fósforo, azufre… retiene todo tipo de nutrientes, Ca,K, Mg… es una esponja para el agua. Alimenta a todos los habitantes del suelo, insectos, lombrices, bacterias, hongos, protozoos… que facilitan los nutrientes para las plantas. Pero sobre todo, el humus ligado con la arcilla forma la estructura del suelo. El agua lo tiene difícil para erosionarlo o arrastrarlo al mar como hoy sucede en todo el mundo sin que se haga gran cosa para impedirlo.
Este hombre practicó, investigó y luego predicó que el uso de la materia orgánica es vital para la fertilidad permanente de los suelos. No es tontería, este planeta cada vez tiene más humanos y menos tierra cultivable, se crean desiertos donde hubo cultivos y aunque deberíamos saber cómo hacer las cosas bien, se sigue a piñón fijo haciendo el juego al negocio de las multinacionales que no les tiembla el pulso destruyendo el planeta.
Más vale que, como las setas en el bosque, por todo el mundo salen amigos de Albert y miles de agriculores, cultivando plantas o cuidando animales, se comprometen en hacer comida de forma natural y sostenible. El compromiso de los consumidores es muy importante. Debemos saber distinguir qué comemos y de dónde viene lo que comemos. Exigir residuos químicos cero. “El carro de la compra es un carro de combate”. Cambiar las cosas comprando cercano, sano y sin impacto ambiental.