En el año 2004 me premiaron por la carta que envié a la revista XL Semanal, titulada ‘Navidad en noviembre’. En ella describía las prisas de esta sociedad, empeñada en anticipar acontecimientos relevantes de nuestro calendario. Este año no ha sido en noviembre, sino en octubre, cuando ya estaban todos los turrones y adornos en los hipermercados. Dentro de otros 26 años quizás exista la posibilidad de que se unan las Fiestas de Santa Ana con la Navidad. Ya lo han hecho con la lotería.
La excusa es alentar el consumo. Si se comienza tres meses antes, no es por acopio para Navidad, sino para triplicarlo. Lo lógico es celebrar cada conmemoración en su momento. ¿Qué sentido tiene celebrar tres meses antes un cumpleaños?
El consumo desmedido, tal y como hoy lo vivimos, es una cortina de humo para distraer frustraciones y llenar vacíos afectivos de unos, y bolsillos de otros.
Todas las contradicciones y vicios capitales para un creyente se dan en estas fechas:
- Soberbia: exageración (los carros de la compra a rebosar).
- Avaricia: afán por acumular riqueza (lotería).
- Lujuria: la más consumida por quien puede.
- Gula: y no la del norte (comilonas, excesos).
- Envidia: por codiciar algo que otros tienen, pero que quizás no necesitamos.
- Ira: hoy traducida en odio, sobre todo en los medios sociales.
Todos mis respetos para todos. Pero con estas expectativas, ¿alguien podría explicarme qué entendemos actualmente por Navidad?
Solidaria Navidad y llevadero Año Nuevo.