Nuestros ríos; maleza o naturaleza

El río Queiles a su paso por Tulebras

El año pasado escribí una carta a la Confederación Hidrográfica del Ebro, quejándome sobre la situación de la maleza en el río Queiles, en la zona del Paseo de los Poetas y en su desembocadura en el Ebro, así como en el entorno del puente del Ebro de Tudela. La respuesta fue "contundente": gracias por su opinión. No he vuelto a tener más noticias de ellos.

En cuanto a la posición de algunos detractores de quitar las cañas y la maleza, les informaré —por si alguien no lo ha comprobado— que, por suerte, en los últimos años se han creado de forma natural unos sotos enormes en las zonas de aguas arriba del puente del Ebro, que a nadie molestan y que permiten que infinidad de fauna que antes no existía pueda tener allí su cobijo. Incluso hay cisnes, donde podemos disfrutar de esa maravilla de la naturaleza.

El río Queiles a su paso por Cascante

Por lo tanto, considero que en el interior de las ciudades —como ocurre en los pueblos por donde transcurre el río Queiles, desde el pantano del Val hasta justo antes de llegar a Tudela— su cauce está totalmente limpio. ¿Por qué esos pueblos pueden permitirse ese lujo de observar los ríos y el deslizar de sus aguas sin que la maleza sea un obstáculo, y Tudela no?

Esa maleza lo que hace proliferar son ratas. Durante siglos, y hasta no hace más de treinta años —y así lo demuestran los grabados, las pinturas y las fotografías— las orillas del Ebro a su paso por Tudela eran de grava, dejando ver perfectamente el río desde el puente hasta la peñica. Y en la desembocadura del río Mediavilla, nuestras antepasadas lavaban la ropa.

Considero que ecologistas, de una u otra forma, somos todos. No hace falta carnet, tan solo hace falta sentido común. En Tudela faltan árboles y sobra maleza. Pero, sobre todo, falta voluntad de solucionar el problema de una y otra parte. En medio, los ciudadanos, que al parecer no contamos para nada.