La soledad

Un año más me asomo a esta página especial de Navidad, con la intención de transmitir algo que nos acerque, aunque sea tímidamente, a la felicidad. Pero resulta muy complejo abstraerse de la actualidad.

Decían que las catástrofes unen a las personas y sacan lo mejor del ser humano; ficción.

Con el COVID, estalló el odio. En la tragedia de Valencia, desde el segundo día, afloraron las dos Españas. Mientras miles de personas ayudaban y se solidarizaban con las víctimas desde todas las autonomías, otros intentaban y lograban, con noticias falsas, acaparar el caos en su propio beneficio. ¿Habrá algo más miserable?

Sin duda, hay más gente buena y solidaria que gente con maldad. Pero el individualismo está transformando a la sociedad en algo más extremista: quienes opinan diferente a mis dogmas se convierten en mis enemigos. Creo en los míos, sin importar si sus afirmaciones son verdades o mentiras, porque, de otro modo, me siento marginado y solo.

Ese miedo a la soledad lleva a agruparse, en rebaños y entre “amigos” fingidos, siempre en torno a un teléfono móvil; caladero de todos los bulos. Se busca en la pantalla la fábula que no somos capaces de averiguar en nuestro entorno cotidiano.

La soledad, libremente aceptada, es fantástica. ¿Quién no querría apartarse horas o días de este efímero e insustancial mundo?

Compartamos nuestra soledad con otras soledades. Esa alianza puede fructificar en amistad. Y quien tiene un buen amigo, nunca está solo. Por eso duele tanto cuando se pierde.

Solidaria Navidad y Saludable 2025.