Homenaje
Desearía, en estas semanas de exaltación de las verduras de la Ribera, rendir un homenaje a nuestros antepasados hortelanos.
Mi padre me llevó a “ayudarle” al campo con apenas 7 u 8 años, lo normal en aquella época. Compaginaba el campo con su trabajo en la Azucarera y, aun así, no llegaba para vivir; (con Franco se vivía mejor) éramos cinco en la familia.
Las hortalizas y las frutas que él traía del campo las vendía mi madre en el mercado de abastos, con un poco de astucia y mucho frío. Antes de ir al mercado, amasaba el pan y lo llevaba al horno.
Él se preparaba las simientes y cultivaba de todo: legumbres, frutas, verduras… Cito a mi padre, pero esto era extensible al 80% de los hortelanos.
Volvían del campo al atardecer, agotados pero cantando, y saludaban al que estaba con la azada con un: "¡¡¡Hala con ella!!!", —con la tierra—.
Todo estaba en aquella época supeditado al campo. Tudela era una ciudad hortícola, más que agrícola. Mucho antes de ser industrial. Se trabajaba de sol a sol. No es una frase hecha, era la realidad.
La inmensa mayoría de los hijos e hijas de aquellos héroes —pero sobre todo heroínas— estamos agradecidos de lo que un día fuimos y somos: dueños de nuestras carencias, pero orgullosos de nuestros principios.
Con aquellos sí que Tudela fue: Capital de la Verdura.