Nuestra Tudela
Hace algunos meses nuestra familia realizó una fiesta, donde nos dimos cita cuatro generaciones de nuestro apellido. Fue un evento estupendo y muy recomendable, ya que nos permitió poner cara a algunos miembros de la familia que ya estaban algo disgregados, lo cual suele difuminar la convivencia. Lo reseñable es que mi familia tiene un arraigo muy profundo con Tudela: de los 75 asistentes, todos menos dos viven en la ciudad. Creo que es un caso muy singular.
Aprovechando este cariño por la ciudad, me gustaría reivindicar dos cosas nostálgicas para un tudelano. Primero, traer a Sancho el Fuerte a la catedral, ya que fue un rey que nació y murió en Tudela, y estaría mejor entre nosotros que solo en Roncesvalles, donde nadie le echaría de menos.
La segunda sería acabar con la mutilación que sufre la ciudad desde hace 500 años con la pérdida del castillo, una de sus señas de identidad, junto con la catedral y el puente sobre el Ebro. Se podría reconstruir una alegoría del castillo, con materiales modernos, que permitiera disfrutar de las vistas únicas de la ciudad, del Ebro, las Bardenas y la Mejana, y dedicarlo a ofrecer otros actos como conciertos y espectáculos. La dificultad sería compatibilizar el espacio con el Corazón de Jesús, pero no creo que fuera imposible. Ahí le dejo el reto al Sr. Toquero.
Por último, según el dicho popular, hay tres días en el año que relumbran como el sol, que en Tudela son: la Bajadica del Ángel, el cohete de las fiestas y la Abuela en procesión.
Felices fiestas.