Mejor unidos
Son muchos los problemas que acosan a la pequeña empresa en la actualidad: impuestos desorbitados, carencia de personal especializado y mercados cada día más exigentes. Esto está provocando el cierre de muchos negocios de gran antigüedad, sin que veamos la creación de nuevos proyectos empresariales.
Solo una cosa puede percibirse como positiva: la Ribera, por fin, tiene claro que juntos podemos lograr objetivos que siempre hemos tenido vedados por nuestro individualismo.
Navarra necesita desarrollar el Polo ribero con industrias, sobre todo de agroalimentación, para compensar la dependencia del Polo Industrial del Automóvil en la cuenca de Pamplona. La Administración siempre ha mirado hacia otro lado y la Ribera ha sido marginada, reducida a sus alcachofas y espárragos, como tantas veces hemos oído. Sin embargo, la estrategia económica de Navarra necesita urgentemente el desarrollo de la Ribera.
El carácter ribero es muy emprendedor, pero necesita estímulos y ayudas para despegar. En primer lugar, ayudas directas al emprendimiento inicial, sobre todo de carácter fiscal. También se requiere una oferta de formación para los estudiantes en materias necesarias para las industrias de la zona (ahí tenemos la Universidad Pública infrautilizada con solo dos titulaciones). Quienes luchamos en su día por su implantación vemos con tristeza su falta de aportación a las necesidades actuales de la Ribera.
Asimismo, las infraestructuras pendientes, como el TAV y el Canal de Navarra, se eternizan, y no terminamos de ver su llegada, imprescindible para el desarrollo ribero. Es necesaria también una vigilancia constante para que, por el camino, no se alteren los proyectos prometidos, como en el caso del TAV, con la decisión tomada de mantener la estación donde está, lo que sería un error mayúsculo, defendido únicamente por un supuesto ahorro económico en perjuicio del futuro de la ciudad.
Por último, sería bueno combatir la corriente que demoniza a los empresarios, que son quienes crean riqueza para la sociedad en la que se instalan. Tampoco se sabe distinguir la situación de las pymes y los autónomos (el 98%) en relación con las grandes empresas (el 2%).