Móviles y pantallas: riesgos de salud de los menores
Dice David Le Breton que “en los años 20 del siglo pasado un niño correteaba 10 km al día alrededor de su casa, pero los niños de hoy no pasan de 300 metros”.
Sirva esta cita, muy significativa para mí, para poner el foco en los impresionantes cambios que está produciendo Internet y las pantallas en general, en nuestras vidas, nuestras relaciones y en nuestro tiempo libre. El mundo, dentro de 20 años, se parecerá muy poco al de ahora, debido a la implementación de todas las novedades tecnológicas que están por venir. La IA es solo un pequeño ejemplo.
Me preocupan los menores de esta generación. ¿Por qué? Creo que, en su mayoría, están abducidos por las pantallas, ante las que pasan muchas horas, demasiadas; lo que les lleva a una vida sedentaria y, en consecuencia, menos horas de sueño, cambios en la alimentación, en el humor… son efectos conocidos, que se suman a otros que tienen que ver con la alteración de la atención, concentración o diferentes problemas en el lenguaje y la comunicación con sus pares, son solo algunas modificaciones que la exitosa serie Adolescencia plantea.
Pero es que, además, nos encontramos con muchos jóvenes con una ideología conservadora, derivada en parte de los influencers de diverso pelaje a los que siguen o a los juegos a que juegan.
Las apuestas on line, la adicción a los videojuegos, los retos virales riesgosos, las pautas nada saludables que imponen las RRSS o el consumo de pornografía violenta son otros problemas de salud, muy serios y de gran envergadura, a loas que están expuestos niños y niñas.
Chicos y chicas que están inmersos en un consumismo exacerbado, que se refuerza porque cualquier cosa que compren la tienen al día siguiente en su casa.
Todos estos cambios impactarán en su salud mental. No hay ninguna duda a este respecto. El asunto de fondo ya no es el debate en torno al móvil sí o no, el foco ha de ponerse en cómo podemos aminorar sus efectos.
Y los que diseñaron Internet -que ganan, obscenamente, millones de dólares a diario- lo saben y no permiten, de ninguna de las maneras, que sus vástagos toquen una pantalla, porque saben perfectamente las consecuencias que producen.
Otra cita: decía Steve Jobs, uno de los más poderosos activos de Internet, que “Nosotros no permitimos el iPad en la casa. Pensamos que, en efecto, es demasiado peligroso para mis hijos”.
Lo saben perfectamente, ya que la razón es evitar que sus hijos e hijas caigan en la adicción, al igual que los narcotraficantes de drogas no quieren que sus familias consuman aquello que venden y les da de comer generosamente.
Si algo tengo claro es que las pantallas están diseñadas para crear adicción.
La formación y el conocimiento de estos cambios, de lo que está pasando en realidad, es la ÚNICA alternativa que tenemos padres, madres, docentes y sanitarios, para hacer frente exitosamente a la deriva que nos está llevando el inmenso y omnipresente poder de las pantallas. En mi último libro ¿Hablamos de porno? planteo con claridad este problema, proponiendo soluciones concretas a este enorme desafío.