Donald Trump ha tomado el mando. ¿Implica ello un NOM (nuevo orden mundial)? Para contestar a esta pregunta, debemos comprobar si sus medidas políticas y económicas profundizan o se quedan cortas respecto de lo prometido durante la campaña electoral. En muchas ocasiones lo que se realiza es un simple lavado de cara para que todo siga igual. Para analizar la situación comenzamos por el relato Trumpiano, expuesto de forma muy acertada por el periodista Francisco Pascual.
“Estados Unidos ha perdido su riqueza a favor de China por culpa del dominio cultural de las élites de la izquierda, que han desplazado a la clase media para favorecer a sus chiringuitos climáticos, las minorías de raza negra o de género. El remedio es la desregulación de los mercados, la imposición de aranceles y la expulsión de los extranjeros”. Es un mensaje que, con variaciones culturales o regionales, están realizando todas las formaciones ubicadas en el ámbito ideológico de la derecha. Es un mensaje que está calando. Ahora bien, ¿es cierto lo que dice? Es un hecho que gran parte de la población siente que las élites gobernantes no les tienen en cuenta. El comediante norteamericano Bill Maher, demócrata y de izquierdas, lo expresó así: “Estas elecciones se basaron en gran medida en lo que he estado diciendo aquí durante mucho tiempo y que me ha hecho perder muchos seguidores: este país está harto de las tonterías progresistas que van en contra del sentido común”. Con esta visión podemos considerar dos opciones de voto: Donald Trump o la ideología woke. Ganó la primera.
Todos deseamos tener buena salud y una situación económica desahogada. Cuando tenemos preocupaciones basadas en uno de estos dos temas es difícil pensar en otra cosa. Por esa razón cuando muchos votantes observan los mensajes de sus gobernantes, basados en demonizar al adversario, profundizar en asuntos que no les interesan o en repetir como un mantra que “todo va bien”, emiten su voto de protesta.
Las medidas que propone Trump son de difícil aplicación. El mercado norteamericano, por ejemplo, está más desregulado que el europeo. La imposición indiscriminada de aranceles supondrá más inflación y represalias comerciales de otros países que terminan en un juego de suma negativa: pierden todos. La expulsión de extranjeros no es fácil. Tiene una dimensión humana indudable, es compleja y además es perjudicial para la economía: ¿quién va a ocupar los puestos abandonados?
Por otro lado, parece útil la creación del DOGE (departamento de eficacia gubernamental). Liderado por Elon Musk, pretende racionalizar el gasto público. Habrá que ver si logra su objetivo. La reciente renuncia del número dos en este proyecto, Vivek Ramaswamy, genera dudas sobre posibles choques de egos que se puedan dar en el futuro.
Michael Klane señala en Le Monde Diplomatique el marco mental antiguo y el nuevo: “Donde Biden y su equipo ven un gran tablero de ajedrez con amigos y enemigos buscando ventajas en regiones en disputa, Trump ve un gran juego de Monopoly en el que múltiples rivales luchan por el control de la riqueza”. Según este enfoque, Canadá sería un proveedor de recursos naturales y México una base de operaciones para fabricantes con mano de obra barata. La teoría del marco mental sirve para explicar comportamientos humanos que van desde la interacción diaria con otras personas hasta la gestión empresarial y política. Por ejemplo, muchos gobernantes ven el poder como un fin en sí mismo. Si les dan a elegir entre ser presidentes siguiendo otras directrices o realizar las políticas que consideren adecuadas sin ocupar dicha presidencia prefieren la primera opción. Hay quien llama a este sistema “sanchismo”.
El término “Brain rot” ha sido elegido por Oxford como palabra del año. Traducido al castellano quiere decir “pobredumbre intelectual” y alerta sobre el impacto negativo del consumo excesivo de contenidos digitales con baja calidad. Esta situación se extiende a otros niveles como el electoral: entre elegir wokismo, populismo o un poder vacío de contenido cuyo único objetivo es perpetuarse, ¿qué hacemos? Un ejemplo ilustra la decadencia de la política actual. Viajemos a Gran Bretaña.
El antiguo Premier Rishi Sunak decidió adelantar sorpresivamente las elecciones del pasado año. ¿Qué hicieron varios miembros de su equipo con esa información? Apostar a que los comicios electorales se iban a celebrar antes para ganar dinero fácil. Es el denominado BetGate. ¿Nos podemos fiar de gente así?
Muchos expertos (o “espectros”, según se mire) afirman que con la toma de posesión de Trump ha comenzado la época del “tecnolibertarismo”, basada en la desregulación y la opinión libre dentro de la red. Los magnates que estaban a su lado están más preocupados por mantener su influencia o aumentar su cartera que por el bien común. Dinero, todo. Ideología, nada.
Ahora bien, puestos a elegir la ideología de Nassim Taleb es la mejor. Liberal para los países, de derechas (eficiencia) para las regiones, de izquierdas (equidad) en su comunidad más cercana….y comunista en su casa.