Opinión

Estudiar

Final de curso, tiempo de estudiar. Niños, jóvenes, mayores. Bien mirado, siempre es tiempo de aprender. La razón: “El que no aplique nuevos remedios debe esperar nuevos males porque el mayor innovador es el tiempo” (Francis Bacon).  Es cierto que las mejoras tecnológicas, Internet y la digitalización han amplificado las posibilidades de aprendizaje. Sin embargo, los consejos para estudiar apenas han variado: hacer esquemas, resúmenes, organizarse bien el tiempo, concentrarse o estar en sitios tranquilos. Por desgracia, estas recomendaciones son cortas, limitadas y no sirven como método de estímulo. ¿Por qué? Se olvidan de cinco aspectos básicos. Contexto, gestión del tiempo vital, curiosidad, amplitud y emociones.

El hecho de estudiar es un proceso básico en nuestro desarrollo personal. En consecuencia, el plan debe ser vital. Y antes de trazárselo es prioritario responder a cuatro preguntas. ¿Qué es lo que me gusta? ¿En qué soy bueno? ¿Qué necesita la sociedad? ¿Me pueden pagar por eso? Responder adecuadamente nos ayuda a establecer nuestra vocación, pasión, misión y profesión. 

El tiempo es nuestro bien más preciado: se debe repartir de forma adecuada.  Ayuda mucho establecer un equilibrio semanal donde haya margen para hacer deporte, estar con los amigos y la familia, aprender sobre temas no relacionados con nuestra profesión o buscar ideas o actividades que permitan nuestra mejora continua y la de los demás. Para lograrlo debemos tener en cuenta cuál es nuestro mayor enemigo: la parte del sistema económico y social que busca captar nuestra atención. Además de los teléfonos móviles, nos tientan con muchas opciones más. Las principales: las pantallas.  De la misma forma que no cuidar la salud nos lleva a  las enfermedades físicas, no cuidar nuestra atención y determinación nos lleva a tener enfermedades mentales. 

Faltan tres ideas adicionales. En primer lugar, el fomento de la curiosidad. Si tan solo nos dedicamos a un tema, nuestra mente se cierra y nos volvemos intolerantes y obtusos. En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, se encuentra la teoría de la amplitud. Fomentada por el periodista norteamericano David Epstein, demuestra que la forma más práctica de triunfar en un mundo especializado es saber un poco de todo y mucho de algo. En contra de nuestra intuición, está demostrado que las personas generalistas son las que más destacan en nuestra sociedad. Son las que han tenido diferentes experiencias, han aprendido de materias diversas y así han podido establecer un criterio marcarse su camino. En tercer lugar está el tema del manejo de las emociones. Aquí nuestra intuición acierta: la forma en la que pensamos lo que nos pasa es lo más importante. De la misma forma que parte del trabajo personal diario incluye el manejo de la atención (muchos deportistas de élite contratan psicólogos especializados en este ámbito) también se debe incluir el trabajo de las emociones. 

Las más básicas: miedo, alegría, tristeza, asco, sorpresa e ira. Según interpretemos un suceso desarrollamos con más facilidad una u otra emoción. Un ejemplo simple: si nos sentimos traicionados por alguien podemos elegir quemarnos o compadecernos de la otra persona: ha perdido nuestra amistad.

Para estudiar necesitamos aplicar tres fases: querer, poder y saber. Pasamos directamente a los encuentros en la tercera fase. ¿Cómo memorizar? Hay tres técnicas. La del significado: aportar un sentido o relato a lo que estudiamos. La de las reglas mnemotécnicas: el acrónimo MATASI permite recordar las emociones básicas. La de repetir y repetir: ¿cómo si no hemos aprendido la tabla periódica? El engrama es una estructura de interconexión neuronal estable: conviene estimularlo periódicamente en las zonas relacionadas con el conocimiento. El olvido acecha.

La regla de la evocación nos ayuda a asimilar lo que se debe saber: se trata de recordarnos a nosotros mismos lo que deberíamos aprender.  A veces nos cuesta debido a que la explicación previa ha sido complicada: la comprensión debe ir antes.  

¿Más recomendaciones? Escribir las palabras de los esquemas con la letra inicial; así nos esforzaremos por recordar su significado. Usar flechas y figuras para relacionar conceptos. Resumir asignaturas en un solo folio. No importa el tiempo de estudio: lo que cuenta, como la vida misma, son los resultados. Son más importantes el esfuerzo y las personas de las que nos rodeamos que nuestra capacidad.

El cono de aprendizaje de Edgar Dale enseña que asimilamos el 5 % de lo que escuchamos. La lectura nos deja un 10%, la enseñanza audiovisual un 20 % y las demostraciones un 30 %. Si discutimos temas nos quedamos con un 50 % y si realizamos prácticas con un 75 %. Lo más práctico es enseñar a los demás: un 90 %.

Usar la técnica de entrelazamiento (recordar algo en distintas ocasiones) y espaciar el tiempo de estudio son métodos que también han demostrado más efectividad que  releer, subrayar o copiar los apuntes y libros que debemos estudiar.

Lo mejor: un método personal que nos dé seguridad, nos empuje y nos aliente.

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