Plaza Nueva

  • Diario Digital | miércoles, 14 de abril de 2021
  • Actualizado 10:30

Cuello de botella

Cuello de botella

Vaya con el atasco del Ever Given en el canal de Suez. La economía mundial paralizada, cientos de buques bloqueados en una espera semejante a las que se dan en las barracas más demandadas de los parques de atracciones en la época AC (antes del coronavirus). Ahora vemos la realidad de otra forma, ya que en la época DC (durante el coronavirus) toda la visión está sesgada por las restricciones aplicadas a de la convivencia humana. En todo caso, es pertinente ir preparando todo lo que pueda venir cuando lleguemos a los tiempos PC (post coronavirus). 

En muchos procesos productivos se tiene un especial cuidado por evitar los denominados “cuellos de botella”: fases de dichos procesos en los que un mínimo percance ralentiza la producción final. Generalizando la idea a la economía global, es claro que el canal de Suez estaría encajado en esta definición. Por lo tanto, es importante analizar lo que podemos aprender del bloqueo, felizmente superado, para evitar otros casos en los que pueda volver a producirse.

En primer lugar, es increíble la rapidez con la que se olvidan las cosas. En un mundo sobrecargado de noticias y novedades, este bloqueo ya no es relevante. Debería haber generado un debate mundial, pero no lo ha hecho. La pandemia, la política, los deportes y los sucesos puntuales dominan la opinión pública y la opinión publicada. No es lo más equilibrado.

En segundo lugar, la economía real (cuando se nos llena la boca de conceptos como el teletrabajo, la digitalización o la hiperconexión) es fundamental para mantener nuestro nivel de bienestar actual. De hecho, entre el 70 y el 80% del comercio mundial se hace por transporte marítimo. Es más: el 13% de todos los bienes que se intercambian de esta forma pasan  por el canal de Suez. Así, según la aseguradora alemana Allianz las pérdidas semanales de un bloqueo de esas características están entre 6.000 y 10.000 millones de dólares. Tiene su miga, ¿no?

Puestos a las cifras, vamos a continuar jugando con ellas, en este caso nos vamos a los números relacionados con el Ever Given. Esta “pequeña canoa” pesa 220.000 toneladas y lleva 20.000 contenedores. Son las cosas de la tecnología avanzada: hace sólo diez años los barcos “sólo” tenían capacidad para 10.000 contenedores. Su eslora de 400 metros y los casi 60 metros de manga equivalen a cuatro estadios de fútbol. No cabe olvidarlo: la medida actual de superficie ya no es el metro cuadrado; es el campo de fútbol. En definitiva, se trata de un coloso con un coste superior a los 170 millones de dólares.

Volvemos a la lista anterior. En tercer lugar, olvidamos muchos problemas sociales si no hay un suceso que permita poder comentarlo y/o conocerlo. Por ejemplo, hace un año 400.000 marineros quedaron confinados en los mares y puertos debido a la pandemia. En la actualidad, la mitad de todos ellos permanecen a bordo sin que hayan sido relevados. ¿Cómo puede ser? Precisamente hace un año, los consejeros delegados de las grandes empresas recordaban “humildemente” que el puesto del reponedor o vendedor de un supermercado, por ejemplo, era más importante que el suyo. Hay frases muy bonitas que en la práctica se aplican pocas veces. 

En cuarto lugar, existen cuellos de botella anclados en nuestros pensamientos más profundos. Veamos: el debate sobre la salud mental de la sociedad está abierto, lo cual es de agradecer. Aunque el sector público debe tomar medidas, eso no debe impedir recordar que, en realidad, las medidas empiezan por uno mismo. ¿Tenemos algún problema que nos bloquea? Debemos valorarlo en profundidad. Un hijo adicto al móvil, un puesto de trabajo en el aire o unos padres delicados se pueden ver como una carga pero también son un reto más que aparece en nuestras vidas. Idea clave: ¿qué de diríamos a un amigo que tiene nuestro problema? Seguro que le diríamos: “no te pongas dramático que no es para tanto”. Pues bien, se trata de aplicarnos el cuento. Desde luego, no se trata de edulcorar la realidad; se trata de buscar otro enfoque. Muchos problemas no tienen solución: por lo tanto, lo mejor y más práctico es convivir con ellos.

Por último, llegamos a los cuellos de botella de las empresas. Los de toda la vida. ¿Qué es lo más útil? Evitarlos. No hay más. Sí, es fácil escribir soluciones fáciles cuando uno no está bregado en la gestión diaria de una empresa. Sin embargo, la enseñanza profunda no es esa. Es otra: si tenemos claro que puede existir una dificultad, haremos todo lo necesaria para evitarla. Es como hacer medicina preventiva para una empresa, no para una persona.

Y es que la medicina para las personas es complicada. Sólo la vacuna Pfizer tiene 280 componentes que proceden de 19 países distintos.  

Su correcta gestión pasa por evitar, claro está, los cuellos de botella.