Las ciencias del comportamiento buscan comprender, predecir y modificar, como su nombre indica, el comportamiento de las personas mediante la observación, experimentación y el análisis de datos. Para ello se aplican conceptos de diferentes áreas de conocimiento como la psicología, la sociología, la antropología o la neurociencia, sin olvidar la economía tradicional.
En teoría, los objetivos que persigue sirven para alterar las acciones de las personas que componen una sociedad y mejorar así la calidad de vida, la productividad, el ambiente de trabajo o el desarrollo económico. En la práctica, se puede usar para empujar a un consumidor a realizar una compra concreta o para convencer a un elector acerca de las bondades que ofrece un partido político determinado. En la actualidad, está penetrando en el ámbito académico universitario y entidades como el Banco de España, BBVA o la CNMV la tienen en cuenta para sus recomendaciones. Es buen momento para comprender sus conceptos fundamentales, su instrumento básico y evitar también que pueda ser utilizada en nuestra contra.
Muchas veces nos han contado que gran parte de la conducta humana viene explicada por los genes. Sin embargo, la historia personal y el contexto particular tienen un peso mayor. Un ejemplo sencillo: ¿cómo predecir el futuro de un niño? La clave es tener un entorno familiar que aporte seguridad y confianza. Es decir, por muy inteligentes que seamos, si no vivimos en unas circunstancias concretas no nos desarrollaremos.
Hoy en día existe una amplia industria dedicada a la salud mental. Psicólogos, influencers, libros de autoayuda, coaching…quien desee buscar una salida a un posible bloqueo en su interior tiene mercado de sobra para lograrlo. No es suficiente. ¿Cómo puede ser que con tantas posibilidades de “curación” los problemas mentales estén aumentando? ¿Será que el sistema económico no está adaptado al ser humano? Vamos a ver ideas y explicaciones que permiten contestar afirmativamente a la pregunta.
Comenzamos con el biólogo Edward O. Wilson, ya fallecido: “tenemos emociones del paleolítico, instituciones medievales y tecnología propia de dioses. Eso es muy peligroso”. Continuamos con Antonio Damasio: “no somos seres racionales que sienten; somos seres sintientes que piensan”. Esta afirmación está respaldada por la ciencia. Problemas en las zonas del cerebro asociados a las emociones como la amígdala bloquean la toma de decisiones. Terminamos con una expresión que explica muchos rasgos de nuestro comportamiento: “si no lo creo, no lo veo”. Es más exacta que “si no lo veo, no lo creo”. Tendemos a visualizar todo lo que confirma nuestras creencias. En este sentido, los chimpancés están más avanzados que nosotros. Recientes estudios realizados demuestran que si cambian las circunstancias, cambian de opinión. No es algo tan común en los seres humanos.
La Economía de la Conducta, que investiga las fuerzas cognitivas, humanas, emocionales y sociales que nos llevan a tomar decisiones económicas, es una parte de las ciencias del comportamiento. Enlaza tres enfoques que son complementarios entre sí. “Homo Economicus” supone que las personas decidimos racionalmente para maximizar nuestro bienestar. Cierto: el ser humano responde a incentivos. “Homo Irrationalis” considera que nuestras decisiones están condicionadas por sesgos o errores sistemáticos. Cierto. Tendemos a sobreestimar el corto plazo o no deseamos quedar mal con los demás, aunque eso suponga hacer algo que no queremos. “Homo Rationalis” estima que tenemos sentido común: dada una situación concreta, actuamos de la mejor manera posible. Cierto: ¿quién tiraría piedras contra su propio tejado? Eso sí, como muchas veces la información que nos llega sobrepasa nuestras capacidades usamos heurísticas (atajos mentales) basadas en experiencias anteriores para decidir más rápido. Racionalidad evolutiva. Conociendo el pasado, el presente actúa.
Conceptos básicos: sesgos, emociones, heurísticas y manejo de la información. Instrumento fundamental: la intervención conductual. Aplicada a personas, analiza el pensamiento que lleva a tomar decisiones junto con el “poder, saber y querer” asociado a cada actividad. En consecuencia, debemos trabajar los procesos mentales internos que reflejan nuestra visión del mundo. Aplicada a empresas, instituciones o comunidades debe cumplir cuatro criterios. Uno: estar basada en hallazgos empíricos sobre cómo se toman las decisiones. Dos: no imponer coerción. Los individuos pueden decidir no realizar la intervención. Tres: no deben existir incentivos económicos. Cuatro: el resultado es positivo para el individuo y la sociedad. Ejemplo: ser donante de órganos por defecto. Uno, entre dos opciones tendemos a elegir la menos activa. Dos, no es obligatorio ser donante. Tres, no se cobra por serlo. Cuatro, se salvan vidas.
Dos historias divertidas muestran el poder de las ciencias del comportamiento. En la primera, un feligrés le pregunta al sacerdote si cuando reza puede fumar. Respuesta: “no”. Otro pregunta si cuando fuma puede rezar. Respuesta: “claro que sí. Hagas lo que hagas, se puede rezar”. En la segunda, un profesor pregunta a un alumno: “en una granja hay diez ovejas y se va una. ¿Cuántas quedan?”. Respuesta: “ninguna”. Profesor: “niño, no entiendes las matemáticas”. Alumno: “tú no entiendes las ovejas”.
Más que las ovejas, su comportamiento.