Hasta siempre Pruden

No es fácil despedirse de alguien que no te va a leer, pero no puedo no hacerlo después de tantas veces que me has hablado de lo que iba publicando por unos u otros sitios. 

Es difícil que en un pueblo de más de 8.000 habitantes le caigas bien a todos, que todos te respeten y te tengan aprecio y sin embargo tú, amigo Pruden, lo habías conseguido con creces. En tan solo un par de semanas ibas a hacer medio siglo al frente de un carrito itinerante lleno de alegría y simpatía en el que tantos nos hemos refugiado para endulzarnos un poco la vida. Niños de hasta 60 años aún hoy seguían acercándose a tu pequeño oasis corellano para cogerte unas chucherías, unas bolsas y pasar una buena tarde de cine, de fútbol o un simple paseo por la ciudad del Alhama. 

Nos tenías a todos fichados, sabías por dónde parábamos, qué hacíamos y si no lo sabías, nos preguntabas: “¿qué es de la vida de tu primo Marcos, que hace mucho que no lo veo? Qué tal está la Paula, en dos semanas es su cumple”. Y nunca fallabas en su felicitación. Como tampoco fallabas nunca en consumir la prensa autóctona, ya fuera la escrita o la televisión. “Ya te he visto hablando de Osasuna, y ¿has visto al hijo del Zurri dónde está ahora?” Tenías un corazón y una mente privilegiada. 

Aún recuerdo como con el cambio de la peseta al euro andábamos todos con unas pequeñas tarjetas que ponían los equivalentes de una a otra moneda y tú lo hacías todo de cabeza. Igual que cuando te enseñábamos las manos llenas de chucherías y bolsas e ibas sumando todo como una calculadora. ¡La de gominolas y bolsas que habrás vendido! Especialmente durante las fiestas, que entonces tu carrito se convertía en un bazar ambulante con chucherías, bebidas, bombetas, martillos, trompetas y lo que hiciera falta. De críos siempre estábamos pendientes de si traías alguna nueva chuchería como tiburones, calaveras o hamburguesas, o aquellos cigarrillos de chocolate que son ya sacados de otra época. Pero los clásicos nunca han fallado en tus cajones de madera: regalices, fresas, dedos, lenguas, chicles, Chupa Chups... ni tampoco tu bote con cebollas y pinillos en vinagre. Un poco más escondida tenías tu libreta con lo que adeudaban aquellos que en ese momento no llevaban dinero. Pero eso sí, tenía que ser cuando no estuviera tu madre, para que no se enterase.

Y ya no solo con las chucherías estabas entretenido, a ver ahora quién sigue recogiendo todos los datos meteorológicos de Corella, que con estos calores que nos están azotando en este 2026 iban a disparar tus estadísticas de más de 40 años. ¿Quién nos va a decir ahora que el día que más llovió fue el 26 de septiembre de 1993? Nunca pensabas en jubilarte porque nos decías que “el que se jubila se muere” y ahora nos has pillado sin que nadie te haya recogido el testigo. 

Hace 14 años empezaba un artículo en Plaza Nueva con un “Amable, atento, agradable y sincero. Pocos adjetivos se ajustarían tanto para definir a una de las personas más emblemáticas de Corella”. Casi tres lustros después empezaría el artículo igual. Porque siempre has sido el mismo, nuestro Pruden. Uno de tus sueños entonces era lanzar un cohete en fiestas de Corella y lo conseguiste. Igual que has conseguido durante todo este tiempo ser todo un icono de nuestra ciudad. Ha habido chiquillos que se han aprendido antes tu nombre que el de muchos de sus familiares. 

Me hubiera gustado disfrutar de una última charla contigo, agradecerte tu amistad todos estos años y que me contaras una vez más tu anécdota con las cinco vacas que se escaparon del encierro de Cintruénigo. Echaré de menos tus saludos en las noches de verano mientras tomabas la fresca con tu amigo Fernando en la terraza del Amadis, tu sentido de humor tan peculiar y tu amabilidad siempre con todos. Se va a hacer raro pasar por tu rincón y no ver ese carrito. Se va a hacer raro y muy triste no tener ese pequeño encuentro en el que siempre nos sacabas una sonrisa. Ha sido un placer Pruden, no te olvidaremos.