Deberes de verano

Con el verano vuelve la polémica de los deberes. Son cada vez más los centros educativos que se niegan a poner deberes y cada vez más las familias que compran cuadernos de repaso escolar para sus hijos.

Yo animo a los escolares de cualquier edad a hacer diariamente algo por su mente, algo por su cuerpo y algo por su familia y quiero creer que en la OCDE están de acuerdo conmigo, dado que el Informe PISA del año 2018 afirma que «la evidencia muestra que, en general, hay una relación positiva entre la realización de tareas escolares en casa y el rendimiento académico». 

La crítica indiscriminada de los deberes es una de las que Rob Henderson llama «creencias de lujo», es decir, unas creencias que pueden permitirse los ricos a bajo precio pero que resultan inasumibles por su coste para lospobres. Por ejemplo, en los barrios en los que hay guardias jurados privados se puede prescindir de la policía sin asumir muchos riesgos; pero no se puede hacer lo mismo en los barrios pobres. Los ricos pueden no necesitar deberes escolares, pero a los pobres les suele muy caro olvidar en verano una parte de lo aprendido durante el curso. 

Aunque pedagogos quieran prohibir los deberes por considerarlos un atentado a la equidad, la realidad nos muestra que las familias se están gastando cada año más dinero en proporcionar a sus hijos una educación complementaria de la escolar. La cantidad se ha triplicado en una década y tiene cada vez más peso en el presupuesto familiar. 

Mantengo con firmeza mi consejo: algo por su mente, algo por su cuerpo y algo por su familia.

Nota: este texto está extraído del libro de Gregorio Luri titulado 'Prohibido repetir', que saldrá a la venta el próximo 1 de septiembre.