¿Qué valor tiene que un jilguero viva en tu jardín?
Afortunadamente la naturaleza funciona sola. Como una especie más, los humanos nos aprovechamos de nuestro entorno. Tomamos recursos de nuestro alrededor, los hacemos nuestros para poder sobrevivir.
En un mundo en lo que prima es el canje, modulado por la oferta y la demanda me pregunto por cómo las diferentes especies seleccionan el escaso ecosistema que les dejamos. Conocer bien los requerimientos que tienen las especies es un anhelo perseguido por la gente que piensa en ciencia, en biodiversidad. Ver una especie en un lugar es una buena noticia, algo encuentra ahí.
Según van pasando los años tenemos un medio ambiente más homogéneo, más transformado, más fragmentado. Son parcelas explotadas, rentabilizadas por sus propietarios de la mejor manera que se nos ocurre, se nos presenta o se nos permite. Ahora secano, ahora regadío, ahora central fotovoltaica.
Hay un buen puñado de especies que se nos van, el visón europeo, la alondra ricotí, el sisón común o el aguilucho cenizo entre otros. No caben en un mundo tal y como lo explotamos. Son especies que tienen requerimientos que chocan directamente con los nuestros, los humanos y cómo nos desenvolvemos en el mundo actual. Parámetros amenazados como la calidad del medio, la extensión del territorio y la tranquilidad.
Pienso que el que una especie elija un árbol, unas zarzas o un lugar para reproducirse o refugiarse lo debiéramos considerar como un tesoro. Todavía no está valorizado, quizá sea incalculable. Es naturaleza pura.