El recuerdo de que ya estamos en las fiestas navideñas me ha hecho evocar la obra de Charles Dickens “Cuento de Navidad”, y su personaje principal Ebenezer Scrooge, avaro, sin interés en los demás, que fue progresivamente transformándose en un hombre con un corazón muy endurecido. En nuestro caso, como los niños que fuimos, con una edad entre los cinco y diez años disfrutábamos las navidades en casa, y sobre todo en la calle con la chiquillería. Había escasos televisores, pero el que poseía alguno, acomodaba con sillas a toda la vecindad posible en su propia casa, dándonos a todos además, algún turrón o dulce en un ambiente familiar. O bien recuerdo que el abuelo de algún niño se hacía cargo de unos cuantos niños de diferentes familias, para llevarlos al cine por esas fechas navideñas.
No teníamos lo que ahora tienen cualquier niño, pero éramos felices jugando con palos en la calle, dibujando con tiza en el suelo, etc. Y existía una amistad en los mayores mucho mayor que la actual, sintiéndonos así los pequeños rodeados de una gran familia entre todos los vecinos.
En el encuentro con el Espíritu del Pasado, Scrooge recordaba cuando había sido más bondadoso, y los errores que cometió después. Y cuando él vuelve al presente, tiene la oportunidad de que puede cambiar, siendo más generoso, compartiendo su tiempo y bienes con los demás. Por eso deseamos que en el presente el Espíritu de la Navidad nos recuerde la sencillez y concordia habitual de las navidades pasadas para que nos transformemos en más solidarios, sensibles y fraternos en nuestro tiempo. ¡Feliz Navidad!