A los que vivimos en La Ribera también nos toca tener agua
De nuevo ha sido necesario juntarnos las comunidades de regantes y entidades locales de La Ribera Baja que regaremos y beberemos en un futuro con el agua del Canal de Navarra. El único objetivo marcado en la reunión fue mostrar unidad. Unidad frente a los ataques continuos de quien debiera defendernos.
La reunión se concertó después de unas palabras del presidente de la Comunidad de Regantes del Canal de Navarra, palabras que ponían en duda tanto la capacidad para regar 53.000ha. en el futuro, como el desconocimiento del precio del agua en ese futuro.
Resulta curioso que se ponga en duda ahora, cuando ya todo está en marcha y con muchas más hectáreas de las programadas inicialmente, la primera fase y su ampliación. Ahora resulta que a juicio del presidente, las hectáreas que sobran son las de la Ribera.
Es verdad que quienes van a tomar la decisión de incorporarse al canal de Navarra son las comunidades de regantes, pero los ayuntamientos tenemos mucho que decir. Debemos influir, evidentemente solo a través del convencimiento, que la oportunidad no se puede desaprovechar, que, hay Canal o no hay nada. Si el agua no llega, a quienes no la tenemos, la agricultura como forma de vida (no como forma de ocio) desaparecerá. Tendremos miles hectáreas yermas, improductivas, incapaces de generar riqueza.
Necesitamos que en La Ribera, todos los municipios incluidos en el proyecto de segunda fase del Canal, aprueben en sus Comunidades de Regantes la incorporación al Canal. Que lo antes posible, el Gobierno de Navarra apruebe los decretos de concentración parcelaria, y que estas concentraciones permitan, siempre dentro del máximo respeto medioambiental, dejar atrás la situación actual de atomización en miles de parcelas agrícolas.
Micro parcelas agrícolas, en manos muchas veces de múltiples herederos sin ninguna vocación por la agricultura, a los que esta nueva expectativa está permitiendo desprenderse de patrimonio que desde hace muchos años no tenía ningún valor. Sin embargo, estas mismas tierras, con una concentración parcelaria y con agua, no solo serán productivas para quienes las posean y las exploten, también generarán riqueza y capital laboral para nuestros municipios, ya sea través del trabajo de la tierra directamente o como consecuencia de la transformación de los productos del campo en las industrias agroalimentarias.
Por la evidente transformación positiva, agrícola, económica y laboral, que van a experimentar nuestros municipios, debemos mostrar unidad y defendernos de quienes ponen en duda lo que está por hacer, no de lo hecho curiosamente, y está demostrándose que funciona. Dudas que les surgen a los de fuera, siempre por casualidad, cuando nos toca a quienes estamos al final del camino.