Los tres cerditos en Tudela: El Cierzo como pedagogía incómoda

Un reciente informe sobre malestar emocional en España vuelve a insistir en algo que ya casi hemos normalizado: vivimos cansados, estresados y con una sensación permanente de incertidumbre. 

Lo nuevo no es el dato. Lo nuevo es que ya no nos escandaliza.

Quizá por eso la pregunta ya no es psicológica, sino casi arquitectónica:

¿qué estructura vital estamos construyendo para sostener una vida cada vez más inestable?

La respuesta, sorprendentemente, podría estar en el tradicional cuento “Los tres cerditos”.

Porque en Tudela y la Ribera no hace falta imaginar al lobo. Aquí el viento tiene nombre propio: Cierzo.

Y el cierzo enseña una verdad antigua: todo lo frágil termina revelándose.

El primer cerdito construye con paja., es el símbolo perfecto de nuestro tiempo.

Todo rápido. todo urgente, todo superficial, política de titulares, escándalos en bucle.Hoy es Koldo, Abalos, Kitchen, antes Gürtel, Púnica, ERE, Lezo, Tito Berni… ymañana, quién sabe, otra Jesica convertida en meme nacional o una nueva trama bautizada con nombre de serie de sobremesa. 

Mientras tanto, al otro lado del mundo, Donald Trump vuelve a instalar el miedo como espectáculo permanente, y las guerras regresan a las pantallas con la misma lógica de serie por capítulos.

Consumimos crisis como entretenimiento.

Nos indignamos 48 horas, y después seguimos, como si nada.

Ahí es donde el cuento deja de hablar de cerditos y empieza a hablar de nosotros.

Y Yo me pregunto ¿Construimos vidas de paja?, ¿opiniones de paja?, ¿indignaciones de paja?

El caso es que todo arde rápido y se olvida aún más rápido.

No sé, querido lector, si conoce la película Money Monster, dirigida por Jodie Foster, una historia donde un popular presentador de televisión financiera es secuestrado en directo por un hombre arruinado tras perder sus ahorros en una inversión fallida.

Lo que comienza como un espectáculo televisivo termina convirtiéndose en una radiografía inquietante de cómo el miedo, el dinero y la indignación colectiva pueden convertirse en puro entretenimiento.

Para quien aún no se haya acercado a ella, merece la pena revisitarla hoy, porque pocas películas retratan con tanta precisión nuestra relación contemporánea con el escándalo, la tensión mediática y la pasividad del espectador.

Hay una escena brillante.

La vida del presentador parece depender de la reacción del público.

Las llamadas suben, la tensión crece, parece que algo va a cambiar, pero enseguida el público se cansa, la curva cae, la atención se desplaza, el drama deja de importar

Es imposible no pensar en nosotros. En un país donde el escándalo ya no moviliza, solo entretiene. Hablamos mucho, nos movemos poco

Como decía Aristóteles:

“La excelencia no es un acto, sino un hábito.”

Y quizá ahí está la diferencia entre la paja y el ladrillo.

No en el discurso, en la práctica, en lo que sostenemos cuando pasa la tormenta mediática.

Y mientras tanto, en nuestro día a día, la huerta del Ebro no entiende de titulares.

El tomate no madura por ruido, se cuida, se espera y se sostiene, como siempre ha hecho esta tierra, como siempre ha sabido hacer la Ribera.

La pregunta no es si vendrá el lobo.

Os hago spoiler: Vendrá.

La pregunta es si, entre tanto circo mediático y tanto soplido político, seguimos siendo espectadores cansados o empezamos, por fin, a levantar algo que resista.

Y aquí, querido tudelano, querida Ribera, viene la parte incómoda.

Quizá el problema es que cuando el “lobo “vuelva, no preguntará a quién votaste, qué opinaste en redes o cuántas veces te indignaste viendo las noticias.

Solo hará una pregunta silenciosa: ¿De qué está hecha tu casa, Tudela?

Porque lo que está hecho de ladrillo aguanta, y lo demás, querido lector, tarde o temprano… vuela.