El reglamento no escrito de Santa Ana

Si algo demuestra Santa Ana es que el ser humano tropieza dos veces con la misma piedra… y luego queda para almorzar encima de ella.

Empezamos por la número 8:

8. "Este año voy a salir tranquilo."

Es una frase muy respetable. Nadie se ríe cuando la oye. Entre otras cosas, porque todos sabemos que no describe un plan; describe una intención. Como "el lunes empiezo el gimnasio" o "este mes ahorro".

7. "Solo bajo un rato."

La expresión "un rato" desaparece del diccionario durante las fiestas. En Santa Ana puede significar un vermú, una comida improvisada, tres encuentros inesperados y volver a casa con la sensación de haber vivido dos días en una sola tarde.

6. "Mañana descansamos."

Es una mentira elegante. No intenta convencer a la cuadrilla; intenta tranquilizar la conciencia. El grupo escucha, asiente y cambia de tema. Hay pactos que no necesitan firmarse.

5. "No voy a comprar ropa blanca. Tengo la del año pasado."

La frase dura exactamente hasta que se abre el armario. Entonces descubrimos que las camisetas blancas tienen una extraña habilidad para encoger, amarillear o desaparecer. Aunque, siendo honestos, quizá no sean las camisetas las que más han cambiado en un año.

4. "Solo voy a saludar."

La teoría parece sólida. La práctica consiste en recorrer cincuenta metros en una hora. En Tudela siempre aparece alguien que te invita a un vino, te presenta a otro o empieza una conversación con la frase más peligrosa del verano: "¿Te acuerdas de aquel año…?"

3. "Este año gastaré menos."

Hay quien hace un presupuesto para las vacaciones. El tudelano ha desarrollado un método más eficaz: deja de mirar la cuenta hasta agosto. La realidad, como los malos invitados, ya llamará cuando se acaben las fiestas.

2. "El año que viene me organizo mejor."

Una frase llena de optimismo. Porque llevamos años demostrando que improvisar forma parte de la tradición. Hay personas que preparan las fiestas con meses de antelación. Y luego estamos los demás, convencidos de que todo se resolverá "sobre la marcha". Y, sorprendentemente, casi siempre ocurre.

Y llegamos al número uno:

1-"Las fiestas ya no son lo que eran."

Esta frase merece conservarse como patrimonio inmaterial. Lleva pronunciándose tanto tiempo que resulta imposible saber cuándo empezó. Lo curioso es que casi siempre la dice alguien que, cinco minutos después, sonríe al reencontrarse con los mismos amigos, se emociona con la misma música y vuelve a casa con la misma voz rota de todos los años.

Decía Michel de Montaigne que «La palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha. “Quizá por eso estas mentiras funcionan. Porque nadie se las cree… y, al mismo tiempo, todos las entendemos. No hablan de las fiestas. Hablan de nosotros. De esa necesidad tan humana de pensar que este año dormiremos más, gastaremos menos, volveremos antes o seremos un poco más sensatos. Y menos mal que no lo conseguimos. Porque quizá Santa Ana no sea el momento en el que dejamos de ser responsables. Quizá sea el único momento del año en el que dejamos de fingir que siempre lo somos. Quizá llevamos años equivocados. No son las fiestas las que cambian. Somos nosotros.

Las fiestas siguen haciendo exactamente lo mismo que hace treinta años. Nos ponen delante de un espejo. Y los espejos tienen una costumbre muy incómoda. Nunca envejecen ellos.