Opinión

El primer lunes del resto de mayo

Un estudio de la American Psychological Association afirma que más del 70% de las personas experimentan un aumento significativo de estrés al reincorporarse al trabajo después de varios días de descanso. Curioso: descansamos para estar mejor y volvemos sintiéndonos peor.

Tudela despierta hoy con ese silencio raro de después de las fiestas pequeñas. La resaca amable de las Jornadas de Exaltación y Fiestas de la Verdura, las mesas largas, los espárragos, las alcachofas, las conversaciones que se alargan más que el café y esa sensación tan nuestra de que mayo siempre empieza con promesa.

Pero el calendario hace lo que hacen las madres y los despertadores: no negocia, nos planta un lunes. Y no un lunes cualquiera, el lunes después del puente.

Ese invento español que psicológicamente funciona como una pequeña ficción: durante tres días creemos que la vida puede ser otra cosa. Dormimos más, comemos más, reímos mejor, vemos a la familia y amigos, celebramos a nuestras madres —esas arquitectas invisibles del orden emocional de medio país— y, por unas horas, dejamos de producir…. hasta que volvemos. Y volver se parece mucho a ponerse unos vaqueros después de cuatro días de comidas familiares: todo sigue estando ahí, pero aprieta distinto.

El trabajo pendiente no desaparece, fermenta. Lo curioso es que culturalmente hemos convertido la vuelta en una carrera absurda. Llegamos al lunes como quien entra tarde a un incendio: abriendo correos, contestando mensajes, reorganizando agendas y diciéndonos esa frase tramposa de “hoy tengo que ponerme al día”. Pero, pensándolo bien… ¿qué día es ese al que siempre intentamos llegar? Nos obsesiona ponernos al día, como si vivir consistiera en alcanzar algo que siempre va un paso por delante. Pero quizá la pregunta no es cuánto llevas retrasado, sino ¿de qué te has ido alejando….?

Seneca escribió que “ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige”. Y quizá ese es el gran problema del lunes después del puente: que confundimos movimiento con dirección., aceleración con avance, urgencia con importancia.

Nos pasa en el trabajo, en casa y en la vida. Reaccionamos.  Y reaccionar es el modo supervivencia del ser humano moderno. Pero liderar —y aquí liderar no significa mandar, sino gobernarse— exige otra cosa, exige pausa, no hablo de procrastinar ni de alargar el café hasta que se enfríe la culpa, hablo de detenerse, mirar, ordenar, porque la pausa no es perder tiempo; es afilar el cuchillo antes de cortar

Y esto lo saben bien las madres. Ayer celebrábamos su día, pero pocas veces pensamos que gran parte de la estabilidad emocional de una casa depende de una capacidad que dominan desde hace años: parar antes de intervenir, observar antes de corregir, escuchar antes de hablar.

Mientras muchos vivimos el lunes como una embestida, ellas llevan décadas sosteniendo sistemas enteros desde algo mucho más poderoso que la prisa: la presencia.

Quizá por eso Tudela y su Ribera tienen algo que enseñar aquí. Vivimos en una tierra que entiende los tiempos: La verdura no nace antes porque la mires más, ni madura antes porque tengas prisa. Y, sin embargo, nosotros insistimos en querer acelerar procesos humanos con lógica de microondas, como si la vida fuese recalentar y servir.

Ironías del siglo XXI: sabemos esperar una buena alcachofa, pero no sabemos esperar cinco minutos antes de contestar un correo. Así que hoy, en este lunes extraño de vuelta, con la ciudad bajando pulsaciones y las agendas subiendo revoluciones, quizá la pregunta importante no es cuánto tienes pendiente. Sino desde dónde vas a retomarlo: ¿Desde la prisa?, ¿Desde la culpa?, ¿Desde la necesidad de recuperar un tiempo que nunca estuvo perdido?

Porque quizá el verdadero desorden no está en la bandeja de entrada. Está dentro, y talvez crecer —trabajar mejor, vivir mejor, incluso querer mejor— consista en algo tan poco espectacular como esto: parar antes de empezar.

Y hoy, lunes, después del puente, la pregunta no es qué tienes que hacer, la pregunta es otra, más incómoda, más honesta, más necesaria, porque quizá el problema, querido lector, no es volver al trabajo. Quizá el problema es volver siempre con la sensación de que la vida te va ganando por goleada.

Feliz Lunes!!!