Un estudio publicado por la American Psychological Association sostiene que gran parte de nuestros conflictos adultos no nacen en el presente, sino en patrones relacionales aprendidos en la infancia y repetidos, muchas veces, sin conciencia.
Y ahora la pregunta incómoda: ¿Cuántas veces has pensado “otra vez me pasa lo mismo” ... sin darte cuenta de que igual el problema no era “lo mismo”, sino tu manera de llegar a ello?Cambias de pareja, pero no de pelea., cambias de jefe, pero no de tensión, cambias de empresa, pero no de nudo en el estómago.
Y entonces haciendo zapping, te encuentras con la serie Machos Alfa y te hace algo maravilloso: …reírte de lo que, en realidad, te pasa. Porque seamos honestos: todos conocemos a un Pedro, un Luis, un Raúl o un Santi. O peor: todos hemos sido uno de ellos. Y quien diga que no conoce a ninguno, probablemente es el Santi de su cuadrilla. Porque esos personajes existen en Netflix… y también en Tudela y su Ribera, en el grupo de pádel, en la oficina, en el bar de debajo de casa o sentado en una terraza de la Plaza Nueva explicando por quinta vez que él “está fenomenal solo”.
Pedro (Fernando Gil) quiere ser un hombre moderno, pero le sale el controlador clásico: intenta gestionar la pareja desde la lógica… y acaba durmiendo en el sofá. Porque todos hemos intentado arreglar una discusión como quien monta un mueble de Ikea: siguiendo el manual y empeorándolo todo.
Luis (Fele Martínez), entre divorcios, custodias e hipotecas, representa a ese adulto que descubre tarde que crecer consistía básicamente en pagar cosas que no entiendes mientras gestionas emociones que tampoco entiendes.
Raúl (Raúl Tejón), perdido en su “deconstrucción”, es el hombre que ha leído muchísimo sobre sí mismo… para seguir tropezando igual. Porque todos sabemos poner límites hasta que alguien nos gusta demasiado. Y todos hemos dado discursos brillantes sobre amor antes de revisar una última conexión de madrugada.
Y Santi (Gorka Otxoa) hace lo que hacemos casi todos cuando algo duele: disfrazarlo de libertad. “Estoy fenomenal solo”, dice. Y ahí está luego, a las tres de la mañana, abriendo Instagram, WhatsApp y la nevera como si en alguno de esos tres sitios fuera a encontrar paz.
Y ahí está el genio de Machos Alfa..El mensaje de la serie es brillante: creemos que estamos viviendo cosas nuevas, pero muchas veces solo estamos repitiendo conflictos antiguos con gente nueva y, sinceramente, ¿quién no ha hecho algo parecido? Porque la vida real funciona igual.
Uno cree que discute con su jefe, pero a veces discute con la autoridad que conoció de niño. Uno cree que exige mucho a su pareja, pero a veces le exige lo que nunca recibió. Uno cree que cambia de vida. Pero solo cambia de decorado.
Como decía Carl Jung: “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, dirigirá tu vida y lo llamarás destino.” Y ahí está el golpe.: Quizá no repites relaciones. Repites posiciones. Quizá no te falla el amor. Te falla el lugar desde donde amas. Quizá no tienes mala suerte en el trabajo. “Porque a veces creemos que nos hemos ido muy lejos de casa… hasta que discutimos igual en una terraza de Tudela que en cualquier otra ciudad.”
Quizá, querido lector, el verdadero problema no es tener pasado. Es seguir obedeciéndolo. Y por eso nos engancha tanto Machos Alfa. Porque entre chistes, cenas absurdas y conversaciones donde nadie dice lo que realmente siente, nos recuerda algo brutal: todos creemos que elegimos… hasta que descubrimos que repetimos.
Y quizá la pregunta importante no es con quién estás discutiendo hoy. La pregunta es: ¿A quién le estás discutiendo realmente? Porque hasta que no entiendas qué patrón sostienes, la vida seguirá trayéndote personas distintas para representar el mismo conflicto. Y eso, sí que da más miedo que cualquier sexta temporada.