Opinión

¿Conoces a un tal Pavlov?

Ivan Petrovich Pavlov fue un fisiólogo ruso nacido en 1849, ganador del Premio Nobel de Medicina. Es mundialmente conocido por haber formulado el condicionamiento clásico (sí, ese del famoso `Perro de Pavlov´).

Pavlov diseñó unos experimentos con perros y observó algo curioso: cuando les ponía comida, los perros salivaban. Hasta ahí, normal. Pero entonces se le ocurrió una idea brillante: hacer sonar una campana justo antes de darles la comida. Tras repetirlo varias veces, los perros empezaron a asociar el sonido con la comida. Resultado: salivaban con solo escuchar la campana, aunque no hubiera comida a la vista.

Y como Pavlov era un poco “cabroncete”, empezó a tocar la campana sin darles comida… y aun así, los perros seguían salivando. ¡BOOM! Había logrado crear una respuesta automática del cuerpo ante un estímulo cualquiera. Así nació el concepto de asociación condicionada.

Hoy lo conocemos como la base de muchas respuestas automáticas, que ahora llamamos “anclas”. Pero eso ya es otro melón, que abriremos otro día.

Y ahora, la pregunta clave:
¿Y esto qué narices tiene que ver contigo? ¡Ah! Que ¿Tú crees que no tienes campanita?

¿Y el wash-up del cole? ¿O esa mirada de tu madre? ¿O el famoso “tenemos que hablar” de tu pareja?

Déjame decirte algo: lo que saliva no es tu boca, es tu ansiedad, tu culpa, tu autoexigencia.

Sí (emoticono asustada).
Estás entrenada como el perro de Pavlov… pero en versión 2025, con multitarea, Wi-Fi, y burnout.

¿Y sabes qué más?

• Dices “sí” cuando en realidad te apetece gritar “no”.

• Se activa tu “modo mala madre” si no estas disponible 24/7.

• Suena el wash-up del cole y tu cuerpo reacciona como si fuera una alarma de incendio.

Y tú, preguntándote:
¿Qué estoy haciendo mal? Vives en piloto automático, y ese modo te está apagando.

Te has convertido en la mecánica emocional de tu familia: detectas fallos, haces revisiones, cambias piezas antes de que se rompan…
Pero dime algo:
¿Cuándo fue la última vez que revisaste tu propio motor?

Te doy unas primeras soluciones

Identifica tus campanas, pregúntate ¿Qué y Quien te activa? Y cuando las descubras modifícalas por otras que hoy en día si te valgan

Reprográmate sin dejar de ser tu misma, porque se puede vivir respondiendo en vez de reaccionando

No se trata de hacer más, se trata de parar y mirar distinto

Nos vemos en posteriores Stories, un abrazo