Psicología práctica: Padre, niño y adulto
Seguramente al leer el enunciado del título, tu mente ya haya creado un concepto de cada cosa. Y hace bien. Así de simple pero contundente quiso expresar Eric Berne, lo que observó en la comunicación y comportamiento de nuestras interacciones interpersonales. Algo que en 1958 denominó “Análisis Transaccional”; una teoría de la personalidad que explica los principales estados del yo.
¿Y a mi esto para qué me sirve?
Para hacer consciente lo inconsciente. Para ser más dueño de ti mismo. Para tomar acción con mayor conocimiento. Para valorar las consecuencias de lo que haces. Para entender por qué te comportas como te comportas. Para llevarte bien con tus seres queridos. Y no tan queridos… O resumiéndolo, como rima el título del bestseller que ha acercado este conocimiento a la gente: “yo estoy bien, tu estás bien”. Porque esta teoría nos hace muy sencilla la complejidad humana.
Obsérvate.
Seguramente encuentres que con cierta persona te sale ser protectora o protector, le cuidas, le enseñas, le toleras, le comprendes… O puedes ser severo, duro, castigador… “Padre” no significa que tengas que ser un hombre. Puedes ser también una mujer. “Padre, adulto o niño” es sólo la forma de acercarnos a la disposición con la que nos solemos relacionar con los demás.
Otras veces te hallarás juguetón o juguetona. Te gustará divertirte con otras personas. Enredar, vivir aventuras, reírte, explorar… O también llorar, pelearte sin motivo, quejarte sin cesar, protestar sin razón, pedir atención sin necesidad… Ese es el niño o la niña.
Y finalmente aparece el adulto o adulta. Para poner orden. Cordura. Tomar responsabilidad sobre un asunto. Saber perder para ganar. Vencer la pereza física para conseguir un objetivo trascendente… Callar cuando querría hablar. Hablar cuando tenemos miedo… Ahorrar cuando querría gastar y gastar cuando debería ahorrar…
En estos tres roles (padre, adulto y niño) se mueve nuestro inconsciente, de forma general e independiente a la edad que tengamos. Porque esa es la tendencia que nuestro yo acaba adquiriendo, según el análisis que Berne hizo de nuestro “ser en comunidad”.
¿Y ahora qué?
Ahora lo sabes. Y lo propio sería vivir tu potencial humano en cada rol, con cada persona. Disfrutar de la vida como un niño disfruta con otro niño. Reconocer a tu niño herido, escondido en el adulto, y darle el amor que le faltó. Ser el adulto que eres y dejar de dilatar responsabilidades. Tomar con seriedad lo que es serio. Tolerar el sufrimiento y crecer con él. O cuidar los sentimientos y emociones de los demás. Empatizar. Programar. Comprender… Amar y aceptar incondicionalmente como un buen padre y madre harían con sus hijos.
Ahora… cuando sientas que no fluyes con la vida, sólo párate. Mírate. Y averigua desde dónde estas haciendo o diciendo. No vaya a ser que el niño viva como adulto (y deje de vivir lo que le toca como niño), el adulto se comporte como niño (no queriendo tomar la responsabilidad que le corresponde), o el padre se pase de exigente (sin necesidad de serlo). Las transacciones pueden ser infinitas… Pero que no sean equivocadas.
Referencias:
- Yo estoy bien, tú estás bien (2000). Thomas Harris. Editorial Grijalbo. Barcelona.
- Juegos en que participamos (2022). Eric Berne. Editorial Gaia. Madrid.
- La intuición y el análisis transaccional. (2010). Eric Berne. Editorial Jeder. Sevilla.