Trumpistas, empresaurios y sindicalistos

Si Trump puede embarcar a su país a la guerra comercial es porque la mayoría no sabe qué fue el Mercantilismo. El Mercantilismo duró 250 años hasta la mitad del siglo XVIII. Fue coincidente con el desarrollo del nacionalismo y el absolutismo monárquico. Aquellos mercantilistas estaban obsesionados con acumular oro, restringir el comercio internacional, proteger a la industria nacional provocando su ineficiencia. Podían perder productividad sin consecuencias porque no necesitaban espabilarse compitiendo de igual a igual con el resto de las industrias del mundo. El comercio se veía como un juego de suma cero (yo gano, tu pierdes). Aunque lo peor de todo fueron las múltiples guerras colonialistas. Bueno, el caso es que el Mercantilismo fue un fracaso socioeconómico que la humanidad superó gracias, entre otros, a Adam Smith con su libro la riqueza de las naciones. En el explicaba que un país es rico no por lo que tiene sino por lo que produce. Añadiría yo, además que es rico por lo que es capaz de vender en un mercado internacional competitivo. El comercio internacional triunfó por que generó un mundo interdependiente y pacífico. La mayor eficiencia provocó la expansión de los mercados y la riqueza. Se aceleró el progreso científico con la difusión de ideas y la innovación con gran provecho para toda la humanidad. 

El capitalismo es antipático por que está basado en la destrucción creativa (Schumpeter). Lo llamamos comúnmente innovación. Esta provoca el hundimiento de empresas ineficientes, arruina a sus dueños y despide a sus trabajadores. Pero ojo, “la culpable es usted señora” (que diría Carlos Rodríguez Braun) cuando decide comprar el producto innovador y no el que compraba toda la vida. En un mercado competitivo el cliente es el Rey. Llegados a este punto debo darle la razón a Trump en una cuestión y es que no es justo competir con empresas, como las europeas, a las que se les dan millonarias subvenciones. A ver, una subvención es como un arancel. Si el arancel es un impuesto para lo que entre de fuera, la subvención es un ingreso para el que produce dentro. 

El capitalismo nos ha dado casi todo lo que tenemos, desde la esperanza de vida triplicada, a la riqueza sin precedentes con la que contamos y unas nuevas tecnologías que no soñó ni el más loco de los escritores antiguos. Nuestra sociedad post capitalista camina por caminos peligrosos. Vivimos en una sociedad aniñada motivada por un Estado paternalista (y viceversa). Se ha olvidado de que el capitalismo es trabajo duro y ahorro. Cada vez hay más ciudadanos que se acurrucan adormilados al calor de papá Estado. La renta universal para no tener que trabajar. El bono cultural para que los de 18 años disfruten de la vida. El derecho a no ser ofendido para acabar con la libertad de expresión. La vivienda asequible por decreto, etc. El precio que se paga por “un mundo ideal” (como cantan en el Aladdín de Disney) es la pérdida de la libertad. En esta distopia orwelliana a la que nos encaminamos, al que se esfuerza, emprende y triunfa, le muelen a impuestos y normativas que lo atenazan como al caballo de “Rebelión en la granja”.  

Con Franco se vivía peor, en especial en su época autárquica de racionamiento y estraperlo (1939-1959). La apertura de España al exterior nos hizo ricos. El segundo gran salto se produjo con la entrada en la Comunidad Europea. Algunos lo pasaron mal con la reconversión industrial de Solchaga, pero a la larga no cabe duda cuál fue el resultado.  Pero volvamos a Trump. El opio arancelario es precursor de la decadencia industrial americana. Los “empresaurios” y “sindicalistos” (ambos colectivos amigos de Trump) protegidos con esa barrera al comercio se pueden relajar porque el muro arancelario les protege de la competencia internacional. No obstante, si algo sabemos en la historia de la humanidad es que más tarde o más temprano los muros caen y cuanto esto suceda ¿qué será de esas empresas anquilosadas? ¿qué será de sus trabajadores? ¿qué será de los empresaurios y los sindicalistos? ¿Viviremos una escalada de aranceles? ¿Se disparará la inflación? ¿Volverá el mundo a caer en la trampa mercantilista?