La situación y evolución de la caza en Tudela
Me cuesta no solo aceptar, sino comprender el estado actual de la caza en Tudela. Desde hace muchos años, la apertura de la media veda coincide con la festividad de la Virgen, el 15 de agosto, fecha que los cazadores esperan con ilusión para poder disfrutar de su pasión. Este año, en Tudela, no se ha podido cazar el primer día, dejando al mayor colectivo deportivo de la ciudad en casa, sin explicaciones públicas y, lo que es peor, sin saber cuándo podrán hacerlo.
En Tudela, para poder cazar hay que pagar en plazo; para abandonar también, porque si no, se sigue debiendo. Algo nunca visto en una administración local. Sin embargo, no se abre la veda en tiempo y forma como en todos los cotos, y no pasa nada (esperaremos la reducción pertinente).
La situación es muy grave desde hace años, y se mezclan muchas inacciones que han conducido a este deterioro. La renovación del POC (Plan de Ordenación Cinegética), que debe ser aprobada por los titulares de los cotos, está sin aprobar por motivos que se desconocen, por lo que el acotado no se puede abrir. Los plazos para la renovación y alegaciones son amplios, máxime cuando el Ayuntamiento cuenta con dos guardas, y la tarea de vigilancia en un coto con población cero de perdiz es baja o nula.
El aprovechamiento de la caza en el comunal de Tudela no se defiende; se perjudica año tras año, cosechando y labrando los rastrojos en plena temporada, reduciendo el espacio cazable a mínimos. Lo intolerable es que los cazadores pagan la tarjeta más cara. Es más: son los únicos que pagan por disfrutar del comunal, mientras que motoristas —que han degradado el hábitat— ciclistas, paseadores, etc., no pagan nada.
¿Dónde está la protección de los derechos de los cazadores en el comunal? Se deben instaurar medidas como, por ejemplo, obligar a dejar una mínima altura de paja y establecer un tiempo mínimo de aprovechamiento antes de labrar.
El POC, como herramienta de gestión medioambiental, se ha demostrado inservible, nefasto y adoctrinador. Es más, solo se enmarca en las políticas de Medioambiente en Navarra que han asfixiado —y siguen asfixiando— a los colectivos de cazadores.
El gobierno local debe estar capacitado para defender los derechos del mayor colectivo que paga por practicar su derecho. Estamos ante una falta de preparación y de administración que ha perjudicado de manera grave a los cazadores tudelanos.