La política en contra de los navarros

Si analizamos los diferentes escenarios que hoy en día sufrimos los navarros, podemos darnos cuenta de que la política en Navarra nos ha restado calidad de vida y, lo que es peor, confianza en aquellas personas con capacidad para ofrecer algo digno.

Aragón muestra una política con una inversión en la mejora de infraestructuras como nunca antes: la carretera que va a La Almunia Nueva, nuevas rotondas, calles renovadas… En el plano industrial, el ejemplo es aún más evidente: pueblos como Muel cuentan con dos polígonos industriales y naves en construcción, fruto del asentamiento de nuevas empresas. Hay muchas ayudas al emprendimiento y, sobre todo, facilidades medioambientales para la instalación de negocios. Es una política sin escisiones ni fracturas ideológicas, pensada únicamente para el pueblo, como demuestra su crecimiento y recorrido.

Mientras tanto, aquí, unos instauraron la autopista de peaje, otros la mantuvieron, y ahora que en muchos lugares ya es gratuito desplazarse, los riberos seguimos pagando para subir a Pamplona. Esa es la diferencia. Un claro ejemplo de que esto no funciona. Pero no pasa nada, porque todo sigue igual.

¿Cómo es posible que hoy en día se mantenga esta espada social discriminatoria en Navarra? ¿Qué han hecho los riberos para merecer esto? ¿Por qué la política actual no ha actuado de oficio para eliminar tal injusticia? Ante estas preguntas, solo hay una respuesta.