Opinión

Más, de lo mismo

El rizo, aunque se le dé más vueltas, siempre es rizo. Es como si nuestra piel de navarros, por mucho que nos digan que está limpia y que brilla, sepamos que está manchada. Una mancha que se extiende a nuestra esencia como pueblo, a nuestra libertad como comunidad diferenciada, a nuestras posibilidades de crecer y prosperar, y, sobre todo, a nuestra hegemonía como sociedad. La desestabilización del pueblo navarro en pro de defender intereses personales, nacionales o de otros índoles se ha convertido en algo cotidiano. Los estamentos de poder social llevan tiempo claramente condicionados por líneas políticas que poco o nada tienen que ver con las necesidades urgentes de Navarra. Estamos ante la hipocresía más cruel, aquella que se basa en el sentido común aplicado a las decisiones y que luego resulta ser lo contrario.

Un gobierno basado en las políticas de otros, en el secesionismo de los pocos valores que nos quedaban como comunidad diferenciada, se convierte en cómplice y verdugo del destino de una tierra bendecida por sus gentes y su riqueza natural. La historia es cíclica y, en este caso, si queremos recuperar nuestra historia y defenderla, deberemos barrer mucho de lo hecho antes de reconstruir una nueva Navarra. La fiscalidad, la sanidad, el medioambiente, los recursos, la docencia y la seguridad ya no escapan al deterioro administrativo y social.

Pinceladas de hemerotecas nos ofrecen una visión convulsa de cómo están las cosas: los sindicatos, después de 15 años sin movilizarse tras los cierres de empresas, se movilizan y llaman a la huelga al funcionariado. La competencia de tráfico será plena de la policía foral, echando a la guardia civil, pero los mismos que defienden este cambio niegan que ser policía sea un empleo de riesgo. La sanidad atraviesa sus horas más bajas, dejando de realizar una operación a un paciente preparado por estar en huelga. Mientras, a nivel nacional, un gobierno que predicaba que sin presupuestos había que ir a elecciones no los tiene, pero no convoca elecciones. Mientras, en su eslogan contra el gasto en defensa, ahora firma el rearme bajo palabras modernas.

Es la cara de Navarra, porque la cruz la llevamos nosotros, los ciudadanos navarros.