La ligereza de una presidencia en la UE

Estamos viendo cómo la presidencia de la Unión Europea, desde hace varios años, se encuentra en entredicho. No solo por sus diversas posiciones en conflictos globales y sociales, sino también en cuestiones financieras. Recientemente se ha pactado un arancel del 15 % con Estados Unidos, algo que, desde un análisis financiero, resulta una auténtica locura.

¿Cuánto durará la presión de un presidente que hoy dice 3 y mañana 0? Esa inestabilidad obliga a Europa a mantener una tensión constante en la negociación. ¿Es posible asumir una pérdida del 15 % con la amenaza de perder un 30 %? Me parece una acción irresponsable. Aquellos que están sujetos a grandes lobbies, o incluso a la venta de grandes compañías europeas a Estados Unidos, serán quienes deban actualizar sus precios finales, dejando como perjudicado último al comprador estadounidense.

Como cualquier negociante de a pie, esta dirección europea debería haber partido del 15 % y haber acordado un 5 %, algo más lógico para un socio de la OTAN. Las exportaciones se verán muy dañadas en su precio final y podrían perder competitividad frente a países con aranceles más bajos o inexistentes.

Europa, como unión, necesita una defensa mucho más firme, una que no se doblegue ante la última presión coyuntural, ya que eso transmite debilidad ante los ojos del mundo. Esperemos que las capacidades políticas de la UE propongan un cambio de gestión integral que lidere un congreso para renovar esta presidencia.