El incendio que nos quema a todos
Estamos asistiendo a algo repetido no hace muchos años, cuando parte del comunal de Luna, pueblo hermano de Aragón, se quemó junto con miles de hectáreas de bosque de los términos colindantes. La desgracia del fuego se repite de forma más virulenta: van 12.000 hectáreas de monte quemadas en los términos y pueblos hermanos de Asín, Orés, Uncastillo, avanzando hacia Sos del Rey Católico.
La gestión del medio en Aragón es eficiente en líneas generales; se facilitan los aprovechamientos de los comunales —caza, pesca—, pero en el tema de bosques todavía hay mucho por hacer. Hace algunos años se promovió, con subvenciones europeas, la limpieza y conservación de cortafuegos con ganado equino, y la limpieza con vacuno es frecuente en el prepirineo.
El problema es la zona de las Cinco Villas: monte espeso de matorral bajo que arde y se propaga como las teas, con un aire caliente que hace muy difícil contenerlo. Las comunidades limítrofes no deben dudar en prestar toda la ayuda posible ante la magnitud ya alcanzada de tal catástrofe.
APN se llaman los agentes de protección de la naturaleza en Aragón, preparados y adiestrados para tal fin; son los primeros que deben alimentar los cambios en los usos y aprovechamientos durante el año en estos montes bajos. Liberar y promocionar cabañas de caprino, leña para subaprovechamientos como el pellet y la retirada masiva de cortes de tala y poda.
Solo desear que no haya tragedias personales —lo más importante— y que estamos asistiendo a ciclos repetidos en poco tiempo, que nos obligarán a cambios drásticos en la gestión. Estar ahora con los pueblos afectados, proporcionarles toda nuestra ayuda y desear que esto se acabe cuanto antes, porque el fuego se lo lleva todo.
Como en estas situaciones, hay que felicitar a los equipos de extinción y particulares que, con sus medios, se exponen para cortar el avance del fuego.