El fuego nos quema a todos
España se quema, y lo hace como consecuencia de políticas medioambientales de carácter ecologista que han resultado ser nefastas no solo para el medio ambiente, sino para el conjunto de la sociedad. Hace no tantos años se fundó en España el ICONA, un instituto de alcance nacional que proyectaba, regulaba y desarrollaba todo lo relacionado con la reforestación del país. Su equipo de biólogos fue considerado uno de los mejores del mundo, examinando detenidamente cada reforestación y seleccionando los árboles que mejor se aclimataban al terreno, buscando siempre los máximos aprovechamientos posibles.
Los diseños de cortafuegos —especialmente en Soria, Asturias y Cantabria— y la libertad en los aprovechamientos de pasto y leña dieron como resultado un porcentaje muy bajo de incendios. La transferencia de estas competencias a las comunidades autónomas ha dejado la gestión a merced de políticas autonómicas, algo muy peligroso por distintos motivos, siendo el principal la falta de recursos económicos, que se destinan a otras prioridades.
En muchas comunidades se opta por aumentar el gasto presupuestario en Guarderío Forestal y fungibles, cuando ya poco o nada queda por guardar. Lo más grave, si cabe, son las políticas y directrices marcadas para los departamentos que deberían conservar montes y ríos siguiendo el modelo del ICONA. Políticas ecologistas con un nulo conocimiento del medio, aplicadas desde hace más de 30 años, han resultado dañinas no solo para los ecosistemas fluviales y sus cuencas, sino también para la libertad de los aprovechamientos tradicionales.
Para prevenir el fuego hay que recuperar la libertad regulada de aprovechamientos: leña, caza, pastos… como siempre ha existido. La hemeroteca sirve para ver de dónde venimos y dónde estamos ahora. ¿Por qué no se ha reformado este departamento por completo? ¿Qué poder impide una reconstrucción del medio ambiente en Navarra?
Necesitamos ver que las cosas se hacen bien, con libertad y capacidad, utilizando aquellas fórmulas que sí fueron efectivas. Quizás, generando riqueza y aprovechamientos, volvamos a despertar la inquietud por cuidar nuestros montes y ríos.