Opinión

El 600 de la ribera

Estamos asistiendo, en reflejo político y social, al viaje del Peugeot por tierras y mítines españoles para lograr y captar intención de voto del PSOE. En Navarra, muchas cosas están sucediendo de manera poco clara, que auguran más posibles escándalos y tramas en clave social y política por parte del gobierno actual. La UCO, gran salvadora de este país (pensemos dónde estaríamos hoy sin ellos), demuestra la conexión de manipulación en el contrato de adjudicación de las obras de Vélate y la implicación de las cabezas del PSOE con DNI navarro.

Mientras, la persona que ostenta la función del mando político en Navarra niega corrupción o malversación en el interior de su grupo. Los planes de crecimiento del gobierno de Navarra para la Ribera, en vez de alimentar la CAT y la formación profesional a medida de la necesidad del tejido industrial, consisten en traer procesadoras de fango y plantas de biogás que amenazan seriamente la salud de los tudelanos y riberos. El grupo encargado de estas operaciones viaja en el mismo coche político, algo muy significativo que lanza un mensaje de alerta.

Las empresas navarras optan por retirarse a comunidades más pacíficas, no solo fiscalmente sino también socialmente; veamos Aragón y Madrid. Un gobierno de Navarra basado en el descrédito y el agarre al sillón nos lleva a la peor de las situaciones, promovidas por facciones de otras comunidades y departamentos cedidos e instaurados en políticas que nada tienen que ver con la Navarra verdadera.

Estamos viendo la peor versión de la política en Navarra: la incapacitación, el producir daño, el perder en pocos años lo mucho logrado, con la gran incertidumbre del ‘¿qué pasará?’. Esperemos que el sentido común del navarro florezca, pueda dejar a un lado sentimientos e ideas no prioritarias y sea capaz de proyectar un futuro nuevo de ilusión ante las próximas elecciones.